

21 de marzo de 2026 - 3:44 PM

Mientras Hawaii sufre sus peores inundaciones en más de 20 años, las autoridades están ordenando evacuaciones en las zonas más afectadas después de que cayeran lluvias sobre un suelo ya saturado por aguaceros de hace una semana y surgían pronósticos de aún más precipitación.
Aguas lodosas cubrieron vastas extensiones de la costa norte de Oahu, una comunidad mundialmente conocida por el surfismo. Las aguas embravecidas levantaron casas y autos y motivaron órdenes de evacuación para 5,500 personas al norte de Honolulu. Las autoridades advirtieron que una presa de 120 años podría romperse. El servicio meteorológico emitió una alerta por inundaciones repentinas el sábado en la mañana, advirtiendo que unas lluvias leves podrían tornarse intensas en algunos lugares.
El gobernador Josh Green señaló que el costo de la tormenta podría superar los $1,000 millones, incluidos daños a aeropuertos, escuelas, carreteras, viviendas de la gente y un hospital de Maui en Kula.
“Esto va a tener graves consecuencias para nosotros como estado”, declaró Green en una conferencia de prensa.
La mayor parte del estado estaba bajo vigilancia por inundaciones, y Haleiwa y Waialua, en el norte de Oahu, estaban bajo una advertencia de inundación repentina, según el Servicio Meteorológico Nacional.
“Se insta encarecidamente a los residentes en el área de Waialua a QUE SE VAYAN AHORA”, dice una alerta emitida a primera hora del sábado. “La carretera de acceso para salir de Waialua corre un alto riesgo de fallar si continúan las lluvias”.
Green indicó que su jefe de gabinete habló con la Casa Blanca y recibió garantías de que las islas contarían con apoyo federal.
No se reportaron muertes y no había nadie desaparecido. Más de 200 personas han sido rescatadas, y unas 10 fueron llevadas a un hospital con hipotermia, indicaron autoridades.
Equipos de rescate buscaron por aire y por agua a personas varadas —esfuerzos que se vieron obstaculizados por gente que volaba drones personales para obtener imágenes de las inundaciones—, señaló Ian Scheuring, portavoz de Honolulu.
La Guardia Nacional y el Departamento de Bomberos de Honolulu evacuaron por aire a 72 niños y adultos que asistían a un campamento juvenil en la costa oeste de Oahu llamado Our Lady of Kea’au, según funcionarios de la ciudad y del campamento. El campamento está en terreno elevado, pero las autoridades no querían dejarlos allí, dijo el alcalde.
Green apuntó que las inundaciones eran las más graves del estado desde que las crecidas de 2004 en Manoa anegaron viviendas y una biblioteca de la Universidad de Hawai.
Decenas —si no cientos— de viviendas resultaron dañadas el viernes, pero los funcionarios no han podido evaluar por completo la destrucción, manifestó el alcalde de Honolulu, Rick Blangiardi. Unas 5.500 personas estaban bajo órdenes de evacuación.
“No hay duda de que el daño causado hasta ahora ha sido catastrófico”, apuntó.
Los funcionarios atribuyeron parte de la devastación a la enorme cantidad de lluvia que cayó en poco tiempo sobre un terreno saturado. Partes de Oahu recibieron de 20 a 30 cm (8 a 12 pulgadas) de lluvia durante la noche. Kaala, el pico más alto de la isla, registró casi 40 cm (16 pulgadas) en el último día, informó el Servicio Meteorológico Nacional.
Se esperaba más lluvia: Blangiardi afirmó que se pronosticaba que caerían de 6 a 8 pulgadas (de 15 a 20 cm) de lluvia en Oahu en los próximos dos a tres días.
Los sistemas de tormentas invernales conocidos como “Kona lows”, que presentan vientos del sur o suroeste que traen aire cargado de humedad, fueron responsables de los diluvios de las últimas dos semanas. La intensidad y la frecuencia de las lluvias intensas en Hawai han aumentado en medio del calentamiento global causado por el ser humano, según expertos.
Los funcionarios han estado vigilando de cerca la represa de Wahiawa, que ha sido vulnerable durante décadas, y aseguraron que estaba “en riesgo de falla inminente”.
Los niveles de agua en la presa —a unos 27 kilómetros (17 millas) al noroeste de Honolulu, en la isla de Oahu— bajaron hacia el final del viernes, pero eso podría cambiar si cae más lluvia.
Desde la noche hasta el viernes, la presa pasó de 79 pies a 84 pies (de 24 a 25.6 metros), apenas 6 pies (1.8 metros) por debajo de su máximo, indicaron las autoridades. Después de alcanzar un máximo de más de 26 metros (85 pies), el nivel del agua había bajado a primera hora del sábado a 24,8 metros (81.5 pies), según el Servicio Geológico de Estados Unidos.
Mientras se preparaba para evacuar a la casa de una amiga en un terreno más alto, la residente de Waialua Kathleen Pahinui dijo a The Associated Press en una entrevista telefónica que la vieja presa es una preocupación cada vez que llueve.
“Recen por nosotros”, pidió. “Entendemos que viene más lluvia”.
El estado ha dicho que la presa de Wahiawa tiene “alto potencial de peligro” y que una falla “resultará en una probable pérdida de vidas humanas”.
La represa fue construida en 1906 para aumentar la producción de azúcar para la Waialua Agricultural Company, que con el tiempo se convirtió en una subsidiaria de Dole Food Company. Fue reconstruida tras un colapso en 1921.
El estado ha enviado a Dole cuatro notificaciones de deficiencias sobre la represa desde 2009 y hace cinco años multó a la empresa con 20,000 dólares por no abordar a tiempo deficiencias de seguridad, según registros.
Después, Dole propuso donar la represa, el embalse y el sistema de canales al estado a cambio de que el estado aceptara reparar el aliviadero para cumplir y mantener los estándares de seguridad de tales embalses.
El estado aprobó legislación en 2023 que autoriza la adquisición de la represa. También asignó $5 millones para comprar el aliviadero y $21 millones para repararlo y ampliarlo a fin de cumplir con los requisitos de seguridad. Pero la transferencia no se ha completado. Se prevé que una junta estatal vote sobre la adquisición la próxima semana.
“La represa continúa operando según lo diseñado, sin indicios de daños”, aseveró Dole en un comunicado.
El estado regula 132 represas en todo Hawaii, la mayoría construidas como parte de sistemas de riego para la industria de la caña de azúcar, según un informe de infraestructura de 2019 de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles.
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