

4 de octubre de 2026 - 8:15 AM

Salt Lake City - Un dirigente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días advirtió el sábado que el auge de los juegos de azar, impulsado por los mercados de predicción en línea y las apuestas deportivas, está fomentando la codicia, especialmente entre los jóvenes, sin aportar “nada de valor”.
D. Todd Christofferson, uno de los tres principales líderes de lo que se conoce comúnmente como la Iglesia mormona, afirmó que las apuestas generalizadas entre adolescentes y jóvenes les están restando tiempo para sus estudios y sus relaciones, ya que los teléfonos inteligentes permiten apostar desde cualquier lugar.
“Para nosotros, como Santos de los Últimos Días, por encima de cualquier otra consideración está el hecho de que el juego es moralmente incorrecto. El juego se basa en el deseo de obtener algo a cambio de nada”, afirmó Christofferson en la conferencia general de la Iglesia, que se celebra dos veces al año.
La afirmación de que los mercados de predicción son una forma de juego sitúa a la Iglesia conservadora en desacuerdo con el presidente Donald Trump. El gobierno republicano ha defendido que plataformas como Kalshi y Polymarket no constituyen una forma de juego y, por lo tanto, no deberían estar sujetas a restricciones en estados como Utah, donde tiene su sede la Iglesia.
Utah ha estado en el centro de la polémica jurídica sobre quién regula los mercados y si estos deben considerarse actividades financieras o de juego. En agosto, un juez federal dictaminó que las autoridades de Utah pueden aplicar sus estrictas leyes contra el juego a los mercados de predicción.
Este año se ha aprobado una ley para endurecer la normativa sobre juegos de azar de Utah y modificar algunos de sus términos, de modo que, sin lugar a dudas, se apliquen a los mercados de predicción.
Los mercados de predicción permiten apostar sobre cualquier tema, desde si lloverá en Los Ángeles hasta si Estados Unidos entrará en guerra.
“O incluso, si te lo puedes imaginar, el momento de la Segunda Venida”, dijo Christofferson el sábado. “¿Dónde hay que acudir para cobrar esa apuesta?"
La oposición al juego es habitual entre las organizaciones religiosas. La Iglesia Metodista Unida se refiere a él como “una amenaza para la sociedad”. La Convención Bautista del Sur, la mayor confesión protestante de Estados Unidos, ha condenado el juego en varias ocasiones y, en 2025, declaró que las apuestas deportivas eran incompatibles con los principios bíblicos.
El juego está prohibido en el islam y se considera un vicio entre los hindúes. En la Iglesia católica, el juego no es en sí mismo un pecado, pero se considera potencialmente problemático.
Durante más de un siglo, Utah ha mantenido el juego prácticamente fuera del estado. No hay casinos, ni loterías, ni hipódromos en los que se puedan realizar apuestas. Esta prohibición tiene su origen en los ideales de los miembros de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, que consideran que el juego conduce al egoísmo y a la adicción.
“El auge de los mercados predictivos y la legalización de las apuestas deportivas están cobrando un gran impulso en todo el país”, afirmó Matthew Bowman, profesor de religión e historia en la Claremont Graduate University de California. “Y muchas instituciones —religiosas, estatales y de otro tipo— se están enfrentando a este problema”.
El discurso del sábado se produce en un momento en el que la Iglesia se ha ido adentrando en cuestiones políticas bajo el mandato del presidente Dallin Oaks, un antiguo magistrado del Tribunal Supremo de Utah que asumió el cargo de máximo dirigente de la confesión el pasado mes de octubre. Este año, los líderes de la Iglesia se han opuesto a iniciativas legislativas estatales que establecerían el derecho al aborto en Idaho y Nevada.
Sin embargo, según Bowman, el enfoque de la institución respecto a las cuestiones políticas —que recurre a declaraciones públicas y a actividades de presión entre bastidores para transmitir su mensaje— se ha vuelto más calculado en los últimos años.
Este cambio se produjo tras la reacción negativa de la opinión pública ante la postura de la Iglesia respecto a la Proposición 8 de California, una iniciativa legislativa de 2008 que pretendía prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo. En aquel caso, según Bowman, los líderes de la Iglesia animaron a sus miembros a implicarse directamente.
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Esta historia fue traducida del inglés al español con una herramienta de inteligencia artificial y fue revisada por un editor antes de su publicación.
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