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La lucha de Inés Marrero Ortiz, víctima de violencia de género

La madre comenzó una relación con el padre de sus tres hijas cuando tenía 21 años

25 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

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Esta historia fue publicada hace más de 6 años.
Inés Marrero Ortiz llamó a la Casa Protegida Julia de Burgos, solicitó una orden de protección y se albergó junto a sus tres hijas, entonces de uno, tres y cinco años.
Inés Marrero Ortiz llamó a la Casa Protegida Julia de Burgos, solicitó una orden de protección y se albergó junto a sus tres hijas, entonces de uno, tres y cinco años. (vanessa.serra@gfrmedia.com)

Inés Marrero Ortiz comenzó una relación con el padre de sus tres hijas cuando tenía 21 años. Para entonces, todo era color de rosa. No había discusiones ni problemas, hasta que quedó embarazada de su primogénita.

“Pensaba que iba a cambiar. No hubo golpes por buen tiempo”, sostuvo.

Tras su segundo embarazo, la familia se mudó a Estados Unidos, donde aumentaron los problemas, al punto que decidió regresar a Puerto Rico. Al poco tiempo, su compañero regresó al país, le pidió perdón y reanudaron la relación. Durante su tercer embarazo, continuaron las agresiones y el maltrato.

Por recomendación de un familiar de su pareja decidió buscar ayuda. Se encontraba armando su plan de escape cuando, un día a la medianoche, su compañero llegó a la casa y, tras una fuerte discusión, le dio un puño en el ojo. “Mi hija mayor, que tenía entonces cinco años, lo vio, y pensé ‘¿esto es lo que quiero para mis hijas?’”, cuestionó.

Marrero Ortiz llamó a la Policía, pero los agentes que atendieron la llamada resultaron ser amigos del agresor y, en lugar de tramitar una orden de protección contra él, llamaron a su padre para que lo fuera a buscar.

“Él se fue y regresó luego, pero (empleados de) Servicios Sociales (Departamento de la Familia) fueron a la casa al otro día, y la trabajadora social vio que había violencia doméstica, no maltrato. Nos dijo que, si seguía, en la próxima cita, iban a quitarnos a las nenas”, recordó.

Eso fue suficiente para que llamara a la Casa Protegida Julia de Burgos, solicitara una orden de protección y se albergara junto a sus tres hijas, entonces de uno, tres y cinco años. Se mudaron a una vivienda transitoria por dos años, se graduó y continuó estudios para ser asistente de maestra.

“Tras siete años sola, dedicada a mis hijas, me di la oportunidad de volver a creer que el amor sí existe”, indicó sobre su nueva relación.

Pero afirmó que su segundo calvario fue a raíz de las relaciones paternofiliales y su lucha en el tribunal por el pago de la pensión alimenticia. Destacó que, al cabo de un tiempo, el tribunal accedió a que sus hijas viajaran con su padre a su casa, en Estados Unidos, donde ocurrió un intento de abuso sexual del hermanastro de sus niñas hacia las dos mayores, entonces de 11 y 13 años.

“Busqué ayuda sicológica para ellas y para mí, y cuando se lo contaron a su padre, él les dijo que tenían la culpa por suvestimenta. Él sigue el patrón de violencia con mis hijas”, señaló.

Tras una discusión, contó, el hombre sostuvo que no era el padre de su hija menor, y todavía hoy no ha accedido a someterse a una prueba de paternidad. Sobre el proceso en el tribunal, Marrero Ortiz lamentó que el caso se viera en una sala con otras personas donde se discutían otros asuntos. Sus hijas tienen ahora 21, 23 y 25 años, y ella es facilitadora educativa con los niños albergados en la Casa Protegida Julia de Burgos.

“A las mujeres (víctimas de violencia doméstica), les digo que se miren frente aun espejo y vean lo valiosas que somos. No hay por qué aceptar violencia. Hay ayuda, está en ti buscarla y recibirla”, puntualizó.

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