La erosión en la costa norte empeoró tras los huracanes Irma y María y las marejadas de marzo. (Suministrada) (semisquare-x3)
La erosión en la costa norte empeoró tras los huracanes Irma y María y las marejadas de marzo. (Suministrada)

A causa del cambio climático, Puerto Rico experimentará una reducción en la precipitación (lluvia) promedio, lo que limitará la disponibilidad de agua dulce en la isla. Pero, cuando llueva, los eventos serán cada vez más extremos, lo que agravará los impactos de las inundaciones.

Las proyecciones también apuntan a que el aumento en el nivel del mar, combinado con olas más fuertes y altas, empeorarán la erosión costera, por lo que disminuirán las áreas de playas.

La temperatura y acidificación del océano seguirán en alza, degradando arrecifes de coral y otros hábitats marinos de los cuales dependen industrias como el turismo y la pesca.

Se esperan, asimismo, tormentas y huracanes más intensos y de distribución más amplia, ya que el calor acumulado en el mar es su principal fuente de energía.

En tierra, la temperatura igualmente acrecentará, con días y noches más calurosas. Es probable, entonces, que haya cambios en la producción agrícola, así como en las distribuciones de la vida silvestre, y riesgos para la salud humana, sobre todo en poblaciones vulnerables.

Este inquietante panorama se describe en la Cuarta Evaluación del Clima, Volumen II, publicada en días recientes por el Programa de Estados Unidos para la Investigación sobre el Cambio Mundial. Se trata de un informe –requerido por el Congreso– que se centra en los elementos del bienestar humano, sociales y ambientales del cambio climático.

Por primera vez, el informe dedica un capítulo exclusivamente a Puerto Rico e Islas Vírgenes, un área denominada como el Caribe estadounidense. En las tres ediciones previas, la información sobre la región se incluía en el capítulo correspondiente al sureste de Estados Unidos. También, es la primera vez que se publica en inglés y español.

“Sin lugar a duda, vivimos tiempos de cambio. Lo que anteriormente podía ser objeto de debate, ya no lo es. Los datos lo corroboran, las tendencias lo ratifican y se proyectan unos escenarios para los cuales, tanto a nivel individual, de hogares, comunitarios, municipios y de sociedad, en general, tenemos que prepararnos”, afirmó Ernesto Díaz, coordinador del Consejo de Cambio Climático de Puerto Rico.

Díaz, quien también dirige el Programa de Manejo de la Zona Costanera del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, es uno de los dosautores principales del capítulo sobre Puerto Rico e Islas Vírgenes. El otro autor es William Gould, del Servicio Forestal federal.

Menos precipitación

El capítulo está dividido en seis mensajes clave, y el primero de ellos trata sobre agua dulce.

Según el informe, para mediados de siglo, el Caribe estadounidense experimentará una baja de más de 10% en la precipitación pluvial. Debido a la realidad tropical y posición geográfica de Puerto Rico, se prevé que el alza en la temperatura atmosférica superficial será mayor aquí que en el resto de Estados Unidos.

“El efecto de eso es una disminución en la humedad relativa de la atmósfera, lo que se traduce también en una disminución de la precipitación. Las sequías de 2014 y 2015 son nuestro ejemplo más reciente”, sostuvo Díaz.

Modelos hidrológicos citados en el informe advierten que, tan pronto como en 2025, la mitad de los embalses tendrían un “déficit de suministro permanente”. También, se advierte que, debido al aumento en el nivel del mar, habrá intrusión de agua salada en los acuíferos.

“Eso tiene un impacto en la provisión de agua dulce para la ciudadanía y la agricultura”, dijo.

El segundo mensaje clave trata sobre los recursos marinos. Se menciona que, durante los pasados 20 años, la temperatura oceánica ha aumentado a razón de 0.43 grados Fahrenheit por década, y que los altos niveles de dióxido de carbono han exacerbado la acidificación (disminución en pH). No se prevé una mejoría.

Por lo tanto, ambos efectos seguirán manifestándose, sobre todo, en los arrecifes de coral, con episodios de blanqueamiento y mortandad. El aumento en el nivel del mar –debido al derretimiento de glaciares– y los ciclones, cada vez más intensos, también repercutirán sobre los arrecifes y otros sistemas ecológicos.

“De continuar así, habrá una disminución en la protección (natural) de las costas, además de impactos al turismo, la recreación y la pesca, tanto comercial como recreativa”, indicó Díaz.

Temperaturas máximas

Los sistemas costeros son el tercer mensaje clave. En Puerto Rico, el 61% de la población vive en alguno de los 44 municipios costeros, que también albergan infraestructura crítica como aeropuertos, puertos, termoeléctricas y plantas de alcantarillado sanitario. El turismo y la recreación son altamente dependientes de las costas.

Según el informe, desde mediados de siglo pasado, el nivel del mar ha aumentado en Puerto Rico a razón de 0.08 pulgadas o 2 milímetros por año. Desde principios de la década del 2000, el alza se ha acelerado, y las proyecciones muestran escenarios de incremento entre 1 y 12 pies.

“El 60% de las 1,225 playas de la isla exhibe un grado, entre severo y moderado, de erosión. Eso es preocupante porque, en la medida que el oleaje se aproxime a la infraestructura pública, privada,residencial, turística o de servicios, vamos a enfrentar mayores riesgos. Ya vimos lo que pasó con los huracanes Irma y María, además del evento de marejadas de marzo pasado”, señaló Díaz.

El informe recomienda trabajar con planificación y diseños adaptativos que consideren estos escenarios, combinado con una participación comunitaria activa.

El cuarto mensaje clave trata sobre aumento en las temperaturas. Se explica que, desde 1950, la temperatura promedio en Puerto Rico ha subido 1.5 grados Fahrenheit, y la proyección es que habrá más días con temperaturas superiores a 95 grados, al igual que noches de 85 grados o más.

“Se proyecta que habrá una mayor demanda de sistemas de climatización (acondicionadores de aire) a nivel público y privado”, expuso Díaz.

El informe dice que, conforme aumenten las temperaturas máximas y mínimas, se afectará la calidad de vida de los residentes del Caribe estadounidense.

Colaboración y alianzas 

Los últimos dos mensajes clave atienden la respuesta a riesgos de desastre para acontecimientos extremos y el aumento en la capacidad de adaptación mediante la colaboración regional.

Según el informe, se prevé un incremento en la frecuencia e intensidad de eventos, como las sequías e inundaciones. Además, el aumento en la intensidad de los ciclones y la lluvia extrema afectarán la salud humana, el desarrollo económico, la conservación y la productividad agrícola.

Ante eso, se indica que una mayor resiliencia o capacidad de adaptación dependerá de la colaboración y la integración de la planificación y preparación en la región caribeña.

“Promovemos las estrategias basadas en la naturaleza. Por ejemplo, no favorecemos que se usen estructuras como estrategia de protección principal, sino la alimentación de playas o la creación y restauración de dunas y de arrecifes de arrecifes de coral. Las estructuras físicas pueden acelerar problemas como erosión e inundaciones”, señaló Díaz.

El informe aboga por expandir la cooperación y formar alianzas más sólidas en el Caribe, a fin de ampliar la capacidad colectiva de la región para fortalecer la resiliencia al cambio climático, reducir la vulnerabilidad y ayudar en las tareas de recuperación en casos de desastres.

“Tenemos que aprender de nuestros vecinos, sean de muchos o pocos recursos, y tratar de adecuar estrategias a nivel local”, acotó Díaz, tras señalar que los fondos federales que se recibirán, como parte de la recuperación tras el paso del huracán María, “representan una gran oportunidad” de levantar infraestructura adaptada al cambio climático.

Díaz aplaudió la reciente firma de una orden ejecutiva, mediante la que el gobernador Ricardo Rosselló creó el Grupo de Trabajo Multisectorial para Mitigar el Cambio Climático. El equipo tiene la encomienda de establecer y recomendar iniciativas de política pública dirigidas a proteger el ambiente y mitigar el cambio climático. Díaz espera que se use como base el trabajo que, por años, ha realizado el Consejo de Cambio Climático de Puerto Rico.

En Estados Unidos, el presidente Donald Trump rechazó las conclusiones de la Cuarta Evaluación del Clima, Volumen II. “No lo creo”, dijo el mandatario, el pasado lunes, en referencia al aviso de que el cambio climático tendrá un impacto negativo en la economía en las próximas décadas.

Cuestionado al respecto, Díaz reiteró que el informe se trabajó “apoyado en ciencia, con literatura revisada por pares y basado en publicaciones serias”. 

Añadió que, pese a la postura de Trump –quien sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París para combatir el cambio climático– los estados y jurisdicciones pueden asumir posturas distintas.

“No somos los principales responsables del cambio climático, pero, como islas tropicales, somos los de mayor vulnerabilidad y ya estamos recibiendo los impactos. Aun así, desde el punto de vista ético y humano, tenemos la responsabilidad de reducir nuestras emisiones, lo cual también nos da ‘standing’ (posición) para exigirles a los grandes emisores que reduzcan las suyas”, 


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