(Lester Jiménez / Especial GFR Media)

Christian Acosta se acostó el martes con la preocupación de que, al levantarse en la mañana, tenía que sacar su bote del agua porque esperaba que las condiciones del mar en La Parguera se deterioraran durante el miércoles, con el esperado paso de la entonces tormenta Dorian por el suroeste de la isla.

Pero, al conocerse que la trayectoria del fenómeno se movió completamente al este y ver que las aguas en Lajas estaban tranquilas “como un plato”, decidió llamar a su compañero pescador, Alfredo Torres, y lanzarse al agua.

“Yo traje el carretón para sacar el bote, pero vimos todo normal y decidimos tirarnos par de horitas”, comentó Acosta, mientras sacaba de un saco la ganancia del día: langostas, picúas, meros y pargos.

“Esto fue una bendición hoy (miércoles)… Se pellizcó algo”, agregó.

Poco a poco, la rutina regresaba a los pueblos de la región suroeste, a pesar de que 24 horas antes, se esperaba que fueran los más afectados por Dorian. El panorama cambió a media tarde del martes, cuando el fenómeno comenzó a desplazarse más al norte y, en vez de impactar directamente esta zona, finalmente movió su centro al otro extremo de la isla.

José Ángel Rodríguez también salió a la calle el miércoles a vender sus acostumbrados aguacates y quenepas en una de las calles principales del casco urbano de Lajas.

“Estamos bendecidos porque el impacto no llegó acá. Pero en realidad, necesitamos la lluvia porque acá está muy seco. Si cogemos par de lluvias, nos va a beneficiar”, destacó.

Mientras, en el club náutico de La Parguera, apenas dos embarcaciones permanecían en el muelle. La mayoría de los botes fueron sacados del muelle el martes previniendo que las malas condiciones del mar afectaran sus propiedades. Sin embargo, se esperaba que en horas de la tarde regresaran a sus espacios.

“Todo el mundo estaba preocupado porque esperábamos que nos afectara directamente. Por eso se ordenó que se movieran fuera del muelle porque dejar embarcaciones puede ocasionar daños al muelle. Afortunadamente, el juego cambió”, sostuvo Iván López, a cargo del muelle del Club Náutico.

Los que también respiraron aliviados, pero escepticismo, fueron los alcaldes de varios de los pueblos de esta región, quienes ayer estaban inmersos en los últimos preparativos para recibir a Dorian. Sin embargo, a pesar de que el mayor peligro ya había pasado, ninguno quiso bajar la guardia.

“Yo estoy más relajado, pero alerta. Hay que recordar que estamos bajo la directriz de una orden de la gobernadora de que todavía estamos bajo una emergencia, aunque todo se vea bastante normal”, comentó el alcalde de Lajas, Marcos “Turín” Irizarry.

“Nosotros nos estamos preparando como ayer (martes), pendientes a que vamos a recibir lluvia. El agua nos hace mucho daño en Hormigueros, independientemente de que el huracán pase por allá, vamos a estar pendiente por si nos deja una estela de lluvia”, dijo, por su parte, su homólogo en Hormigueros, Pedro García.

En un breve recorrido por ambos municipios, al igual que en Cabo Rojo y San Germán, se apreció a empleados municipales que continuaban realizando labores de limpieza de quebradas y zonas propensas a inundaciones. Mientras, algunos refugios se mantuvieron abiertos durante el día como medida cautelar, a pesar de que, al menos en Lajas y Cabo Rojo, no llegó ninguna persona.

“La vamos a dejar abierto un tiempo más como medida preventiva… Estamos alertas y trabajando en lo que hacemos toso el tiempo para esta fecha, recogido de escombros y limpieza de quebradas”, manifestó el alcalde caborrojeño, Roberto “Bobby” Ramírez Kurtz.

Sin embargo, a pesar de que todos los preparativos podrían parecer en vano, algunos de los entrevistados lo tomaron como una medida necesaria para evitar consecuencias mayores.

“Es mejor precaver que lamentar”, comentó el pescador Alfredo Torres.

“Mucha gente estaba preparada. Todo el mundo se está ayudando… La gente tiene que prepararse. En la vida hay que prepararse para todo, desde que uno nace, hasta que se muere”, sentenció Rodríguez.


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