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Desiree Torres, oriunda de Las Piedras, vive junto a sus hijos en un hotel Super 8 desde el 5 de noviembre de 2017. En la foto, aparece con sus hijos Yadiel Rivera, de 13 años, y Ramsses Piñero, de 2 años. (horizontal-x3)
Desiree Torres, oriunda de Las Piedras, vive junto a sus hijos en un hotel Super 8 desde el 5 de noviembre de 2017. En la foto, aparece con sus hijos Yadiel Rivera, de 13 años, y Ramsses Piñero, de 2 años. (Carla D. Martínez/ Especial para El Nuevo Día)

Orlando, Florida - La devastación que el huracán María dejó en su comunidad fue la gota que colmó la copa en el corazón de Desiree Torres en el cual, desde mucho antes, se amontonaban las razones para decidir salir de Puerto Rico y mudarse a la Florida central, en busca de mejores oportunidades para ella y sus tres hijos.

Y aunque el camino no ha sido fácil, parece que la vida va enderezando el sendero para esta mujer de 31 años. Recientemente, logró que la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) le extendiera su estadía en el pequeño hotel en Kissimmee donde ha vivido desde que llegó a este estado hace tres meses.

La estadía me la extendieron hasta el 20 de marzo y, luego de esa fecha, dicen que no se lo extenderán a nadie más. Por eso empecé a buscar trabajo y logré que me contrataran. Fui a una entrevista para un puesto de ama de llaves y me dijeron que no cualificaba para ese puesto, pero que sí cualificaba como supervisora de ama de llaves en el Wyndhan Cypress”, dijo, soltando una carcajada triunfal. Empieza a trabajar el viernes.

“Estoy contenta de verdad. Es una oportunidad de crecimiento que tendré y podré darle una mejor vida a mis hijos. Con esto, sé que podré echar pa’lante y me podré quedar, pues en la isla las cosas estaban malas. En mi pueblo en Las Piedras no había empleo y la criminalidad era demasiado. El huracán vino para darme un empujoncito para irme de una vez”, dijo.

El testimonio de Torres no es aislado. Es la crónica que se repite en historias donde cambian los nombres, pero no las razones para migrar. Así lo plasma uno de los primeros estudios sobre el éxodo boricua a la Florida, que pronostica un recrudecimiento en el despoblamiento de Puerto Rico que había iniciado durante la recesión de la última década y que cobró un impulso notable tras la devastación que el huracán María causó en la isla hace casi cinco meses.

El estudio, titulado "El éxodo boricua a la Florida; antes y después del huracán María", fue preparado por el antropólogo Jorge Duany, un estudioso de la migración boricua, que dirige el Instituto de Estudios Cubanos y es profesor de Antropología en el Departamento de Estudios Globales y Socioculturales de la Universidad Internacional de Florida. Se basa, principalmente, en una encuesta telefónica realizada a 351 residentes de la isla entre el 10 y el 12 de enero de 2018.

El trabajo presenta detalles sobre cómo es el boricua que vive en Florida y pronostica que las proyecciones sobre la magnitud de la migración puertorriqueña a este estado podrían ser mayores de lo que se había pensado.

Según los datos provistos a El Nuevo Día por Duany, todos los entrevistados contestaron que tienen la intención de mudarse a Estados Unidos en algún momento. El 65.2% dijo que, una vez emigren, se quedarían aquí de forma indefinida.

Entre los estados seleccionados para una potencial emigración, la mayoría de los encuestados (36.8%) dijo quese mudaría a Florida, el 26.5%, a Nueva York, y el resto mencionó otros estados como Texas, Massachusetts, Connecticut y Pensilvania. Entre los que dijeron que se mudarían a Florida, el 45.7% dijo que se asentaría en Orlando, el 24.8%, en Miami, y el 7%, en Fort Lauderdale.

“El hallazgo sugiere que el potencial de la migración puertorriqueña post María podría ser mayor que lo que se ha especulado hasta ahora”, indica Duany en el estudio.

Según el Censo, entre el año 2000 y el 2017, la población de la isla se redujo de 3.8 millones a 3.3 millones de personas, principalmente debido a altas tasas de emigración. El Censo calculó que la migración neta de Puerto Rico a Estados Unidos ascendió a 311,198 entre los años 2000 y 2009 y, a 428,421, entre el 2010 y el 2017.

El 47% de los entrevistados dijo que la crisis económica es la razón principal para irse de Puerto Rico. El 18.5% mencionó como razón la falta de oportunidades laborales y el 15.7% mencionó que se mudaría para lograr una mejor calidad de vida.

“Este resultado refleja el severo deterioro de las condiciones de vida en Puerto Rico después del huracán María. Sin embargo, muy pocas personas (5.4% de los entrevistados) señalaron específicamente los daños del huracán o haber perdido su casa como motivación para mudarse a Estados Unidos”, señala el antropólogo.

En la encuesta, se pidió a los entrevistados que evaluaran la labor del gobierno. La mayoría evaluó negativamente el desempeño de los municipios, agencias estatales y federales. FEMA obtuvo una mejor evaluación. El 35.6% de los encuestados dijo que la labor de esa agencia fue buena o excelente.

El 51.3% consideró la labor del gobernador Ricardo Rosselló como pobre o muy pobre, mientras que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió la peor calificación: 65.5% catalogó su gestión como pobre.

En el estudio, Duany hace referencia al trabajo del Centro de Estudios Puertorriqueños del Hunter College, en Nueva York, posterior al huracán que calculó que, entre 114,000 y 213,000 habitantes de la isla, se mudarían en el próximo año y que, entre el 2017 y el 2019, Puerto Rico perdería 470,335 habitantes y que la mayoría iría a Florida.

Duany señala que estos estimados -que levantaron el ceño de muchos por la alta cifra que mostraban- podrían resultar demasiado conservadores a la luz del comportamiento observado en el flujo de boricuas que viajan a Estados Unidos tras el huracán María.

“Todo parece indicar que el éxodo boricua experimentará un auge extraordinario en el futuro inmediato y que se acelerará el despoblamiento de la isla iniciado durante la recesión económica de la última década”, dice Duany, y señala que, para el Censo del 2020, la población de boricuas en la Florida superará a la de los puertorriqueños en Nueva York y se convertirá en el principal asentamiento de la diáspora puertorriqueña en Estados Unidos.

Movimiento histórico

El éxodo de boricuas a Florida se remonta al siglo 19, cuando una primera oleada de migrantes, que inició en 1885 y se extendió hasta el 1940, los llevó a establecerse en la zona de la Bahía de Tampa -particularmente, en Ybor City-, que era el centro de la industria manufacturera de cigarros en Estados Unidos.

En la zona central, la llegada de boricuas inició en la década de 1960, cuando cientos de boricuas comenzaron a comprar terrenos y propiedades en la ciudad de Deltona (Condado de Volusia) con la intención de retirarse allí.

Florida tiene ahora tres de las primeras 10 áreas metropolitanas en Estados Unidos con las mayores poblaciones puertorriqueñas. Estas son la región de Orlando-Kissimmee-Sanford, Miami-Fort Lauderdale-West Palm Beach, y Tampa-St. Petersburg-Clearwater. De hecho, este estado sureño tiene una mayor proporción de personas nacidas en la isla (43.9%) que Nueva York, donde el porcentaje alcanza el 25.4 y que en todo Estados Unidos (31.5%), según datos del Censo citados por Duany.

El análisis de Duany indica que muchos negocios puertorriqueños han seguido a los migrantes a la Florida y menciona empresas como Banco Popular, Casa Febus, Los Cidrines, la Cooperativa de Seguros Múltiples, Empresas Fonalledas, el Sistema Universitario Ana G. Méndez, Goya, Martin’s BBQ, El Mesón Sandwiches, Novus, Plaza Gigante, PRICO, Banco RG, Universidad Carlos Albizu, Universidad Interamericana y Universidad Politécnica, entre otras.

Potencial peso político

En cuanto a la inclinación política de los boricuas, el estudio valida una tendencia que ya había trascendido: que mientras en todo Estados Unidos el 71.2% de los puertorriqueños se identifica como demócratas, el 22.8% como republicanos y 5% como independientes, en Florida se ha reducido el porcentaje de boricuas afiliados a esos partidos, pero ha crecido el grupo de no afiliados. En este estado, el porcentaje de boricuas demócratas bajó a 55.3%, el de puertorriqueños republicanos se redujo a 14.1%, pero el de los no afiliados incrementó a 27.5%.

“En un electorado latino dominado hasta hace poco por republicanos cubanoamericanos, la pujante presencia boricua podría alterar el mapa político de la Florida, de por sí un estado indeciso clave en las elecciones presidenciales”, dice Duany.

La huella cultural

La creciente presencia boricua en Florida ha ido moldeando también la geografía social de este estado, principalmente en la región central. Por ejemplo, las iglesias locales -católicas y protestantes- han adoptado misas y servicios en español e, inclusive, incorporado la música folclórica puertorriqueña en sus rituales.

Las tradiciones boricuas también son culinarias, y acompañan a los boricuas que se han mudado aquí. Es tan fuerte este apego que se ha generado unagran demanda por productos particulares como el café, la malta, el sofrito, entre otros, y es lo que explica el aumento de numerosos colmados, supermercados y restaurantes que ofrecen estos productos, indica Duany.

Lo mismo ocurre con las actividades culturales. Eventos como las Fiestas de la Calle San Sebastián en Orlando, el Desfile Puertorriqueño y celebraciones que son símbolos de la identidad boricua -como la fiesta del Día de Reyes- se observan en esta zona con fervor.

Aunque Duany no lo menciona, durante la pasada Navidad, el conocido parque temático Sea World dedicó su instalación a la fiesta de Reyes y expertos en mercadeo hispano interpretaron la acción como una movida para, precisamente, apelar a ese creciente mercado puertorriqueño.

“La diáspora boricua ha impactado demográfica, económica y culturalmente a la Florida, y podría también ampliar sus efectos políticos en el futuro cercano”, señala el experto.

“Pese a la oposición de algunos grupos establecidos, las poblaciones puertorriqueñas y latinas en la Florida, tanto como en el resto de los Estados Unidos, continuarán aumentando en los próximos años. Los efectos del huracán María probablemente intensificarán el ritmo de crecimiento de la emigración boricua hacia la Florida”, pronosticó el antropólogo.


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