

25 de junio de 2026 - 2:38 PM


“El primer jamaqueón me tiró contra el clóset”.
Así fue como María Edén Sánchez describió la fuerza inicial que sintió cuando comenzó el primero de los dos terremotos que estremecieron ayer a Venezuela.
“Hay mucha destrucción”, lamentó Sánchez, en entrevista telefónica con El Nuevo Día.
Explicó que su nuera necesitaba renovar su pasaporte, por lo que viajó junto con ella y su nieta para completar el trámite el martes pasado.
Se supone que debían regresar el 30 de junio, pero ahora desconocen qué va a pasar, pues indicó que el principal aeropuerto de Caracas “está sin techo, y la pista está agrietada”.
Sánchez relató que en la tarde del miércoles subió al apartamento de alquiler a corto plazo y al salir del baño “empieza el primer temblor”.
“Solamente me dio tiempo de ponerme unas pijamas y bajé las escaleras descalza”, contó.

Agregó que “bajando fue (que ocurrió) el otro sismo. Trataba de caminar, pero iba dándome contra la pared. Logro salir del apartamento. Me traté de agarrar de las paredes y no se podía”, agregó.
“Gracias a Dios estamos bien, pero corrí las calles descalza. Dios me vino a cuidar porque no me pasó nada. Había muchos cables, postes, árboles... había que moverse rápido”, abundó.
Una vez abajo, se reencontró con su nuera y nieta y se alejaron de los edificios, como el resto de las personas.
Una vez finalizó el terremoto, cayó en cuenta de que no se llevó los documentos personales ni pertenencias, especialmente de su nieta de un año y medio.
Sánchez reconoció el riesgo, pero al pensar en las dificultades que enfrentarían al tratar de salir de Venezuela, se armó de valor y regresó al edificio.
“Sin pasaporte y sin dinero no podía hacer nada. Con una bebé había que tener todo. En el edificio había otras personas que me dijeron el edificio tenía unas grietas, pero que lo que se había caído mayormente eran las losas en las paredes. Así que subí. Cogí unas cosas de la nena y mías, y bajé de nuevo”, narró.
Luego buscaron refugio en una escuela de kárate donde entrenó su nuera cuando era atleta. Allí pernoctaron con otras personas, pero sin lograr descansar.
“No hemos dormido nada. Lo que hacíamos era dormitar, pero con las réplicas uno siempre estaba pendiente”, dijo Sánchez. “Y como entre la 1:30 y 2:00 de la madrugada tembló. Fue uno de 4.6. Ahí todos los que estamos aquí nos asustamos. Nos levantamos de los pisos y nos fuimos a la calle”.
Sánchez resaltó que, por lo menos, se encuentran en uno de los pocos lugares de la zona que aún cuenta con energía eléctrica y agua potable, pero pasan más tiempo a las afueras, en una terraza de tres pisos dentro del edificio.
“Hablé con alguien de la embajada de Estados Unidos en Venezuela. Me tomaron los datos y pregunté por un sitio donde pasar la noche bajo techo, porque estamos a la intemperie, pero no queremos que sea en un edificio, sino en un lugar de una sola planta. Me dijeron que estaban haciendo la logística y que nos iban a informar”, detalló.
Mientras, no fue hasta pasado el mediodía de hoy que pudieron conseguir algo de comer.
“Conseguimos un café, y en un local que se llama Farmatodo pudimos comprar Pampers, las cosas para la bebé y chucherías para nosotros picar. Comida como tal no hay”, explicó Sánchez, quien dijo que los supermercados estaban cerrados.
Mientras su hijo permanece pendiente desde Jacksonville, Florida, donde está asignado a una base militar, Sánchez está a la espera de conocer cuándo el gobierno de Venezuela reanudará operaciones para que su nuera pueda renovar el pasaporte.
“No regreso (a Puerto Rico) hasta que le renueven el pasaporte a mi nuera”, afirmó.
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