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Algunos locales confían que el cambio presidencial traiga mejoras al deteriorado lugar

Hershey, Cuba - De aquel pueblo majestuoso, cuya vida giraba en torno al poderoso central azucarero que gobernaba su actividad, queda muy poco, sólo algunas de las casas construidas a la usanza colonial estadounidense, la peculiar arquitectura de las residencias de los obreros y la infraestructura restante del primer tren eléctrico construido en América Latina, sobreviven como testigos de lo que fue el asentamiento poblacional más envidiado de su época.


Hershey, el pueblo levantado por el magnate del chocolate de Estados Unidos a principios del siglo 20 en Cuba, se mantiene de pie en la provincia de Mayabeque, contigua a La Habana, pero ya no es ni sombra de lo que fue en su momento de mayor esplendor.

El poblado, nombrado oficialmente como Camilo Cienfuegos en honor al comandante guerrillero que peleó junto a Fidel y Raúl Castro Ruz en la década de los cincuenta, ha perdido el lustre con el paso de los años y no figura en las prioridades del país, que ve cómo una infraestructura fundamental, de gran valor histórico, se desploma poco a poco por la falta de mantenimiento para desgracia de quienes crecieron aquí.

¡Esto era un paraíso! Esto se llamaba Model Town, había un pueblo idéntico en Pensilvania, donde estaba la compañía. Todo me gustaba, yo aquí conocía a todos. Aquí todo estaba planificado. Aquí tuvimos la primera agua corriente, la electricidad. Aquí todo estaba perfecto, todo lleno de luces”, dice perdida en la nostalgia Amparo De Jongh Izquierdo, la primera bebé que vino al mundo en este pueblo el 2 de mayo de 1923.

Ella anhela los tiempos de gloria del poblado en el que nació, los cuales se fueron deteriorando tras el triunfo de la Revolución en 1959 y empeoraron con el cierre definitivo del central azucarero en el año 2000.

Extraño mucho aquella vida en Hershey. Yo sí, sí y sí”, sostiene Amparo con una lucidez impresionante al borde del llanto.

El pueblo comenzó a construirse en el año 1916 cuando llegó el empresario estadounidense Milton Hershey, quien vino con la idea de crear un central que produjera azúcar suficiente para sustentar la fábrica de chocolate que él tenía en Pensilvania, Estados Unidos. Hershey previó entonces que otra guerra mundial afectaría la producción de azúcar a nivel global, por lo que decidió venir a Cuba y montar sus propias instalaciones.

Así nació el pueblito, que fue construido con una arquitectura novedosa para la época y lo último en servicios para sus pobladores, incluyendo un campo de golf, hotel, cine y hospital. 

Hershey operó el central hasta que previó el triunfo de la Revolución y lo vendió, lo que evitó que bajo su manto el recinto experimentara el proceso de nacionalización que el gobierno cubano instauró en la década de los 60 tras asumir el poder.

El central pasó a manos estatales hasta que fue cerrado por problemas de eficiencia. La falta de mantenimiento lo condenó a un desplome casi total.

De aquello quedan sus enormes chimeneas, los almacenes que hoy albergan una empresa estatal y varias calles repletas de viviendas con la arquitectura particular del poblado. 

Sus pobladores quisieran que el pueblo retomara, por lo menos, alguna de sus características, pues añoran la belleza que lo hacía distinto.

Los proyectos para revivir el pueblo han quedado en el olvido porque no ha habido presupuesto, porque las personas que se interesaron por esos proyectos lo dejaron de hacer por diferentes razones. El patrimonio de un país es la vida de ese país. No se puede estar olvidando… La tierra donde uno nace, el terruño es lo de uno y es importante que no se pierda. Es la idiosincrasia, todo lo que uno vio”, afirma el escritor y periodista nativo de Hershey, Pedro González Bernal

“Por eso es importante rescatarlo, tenerlo. Quizá no como era antes, porque la vida cambia. La tecnología, el diseño cambian. No vamos a tener un parque nacional aquí en Hershey, pero sí que el batey se renueve, que las casas las arreglen, aunque no se pueda con el mismo diseño de antes… No se puede negar el desarrollo, pero sí que se rescate Hershey porque es un patrimonio, independientemente de que lo haya hecho un capitalista”, añade.

Esa necesidad de recuperar lo perdido no es sólo un sentimiento de personas mayores, como es el que caso González Bernal, quien está jubilado.

Maybet Cruz tiene 28 años y es licenciada en estudios socio-culturales. Hizo su tesis sobre su pueblo natal y se ha convertido en una defensora de que Hershey sea renovado.

Este es ahora un pueblo totalmente muerto y tiene una población muy envejecida, porque como no hay nada que pueda generar trabajo a los jóvenes desde que cerró el Central, estos buscan otras opciones fuera para resolver esa necesidad”, sostiene la joven cubana.

“Pienso que se puede construir nuevamente un central -porque no se puede hablar de reconstrucción-, recrear el pueblo, con sus muchas potencialidades para que haya un desenvolvimiento económico para el país y para la comunidad. Es innegable el sentido de pertenencia que tienen sus pobladores con el pueblo, aún cuando se sientan tan dolidos por la pérdida de la industria que generó todas estas carencias. Ellos agradecerían mucho la posibilidad de tenerlo nuevamente”, agrega.

Ese pedido de Maybet suena razonable, pero choca con la realidad de que Cuba no cuenta con recursos amplios como para embarcarse en un proyecto de tanta magnitud en un pueblo que no genera interés turístico mayúsculo.

Al final del camino, Hershey ejemplifica en todo su esplendor los problemas que tendrá que enfrentar la nueva generación que tomará el poder en Cuba, la cual batallará con desafíos de todo tipo, la mayoría de ellos en el ámbito económico y de infraestructura.

Como Hershey hay decenas de pueblos por toda Cuba que requieren de inversiones urgentes, sobre todo en el área de vivienda, pues el país tiene afectaciones de algún nivel en sobre el 80 por ciento de las residencias, según las cifras oficiales. 

Así que la renovación de un pueblo con tanta historia tendrá que esperar, sobre todo, porque las prioridades del nuevo gobierno han sido definidas y mejorar la infraestructura de los pequeños poblados no parece estar en el tope de la lista.

“Quien venga al gobierno tendrá otras cosas en qué pensar. Es lo lógico. No creo que Hershey sea una prioridad para nadie y si lo fuera, juro que me preocuparía, porque en Cuba hay cosas más importantes que hacer que ocuparse del pueblo que levantó un gringo”, asegura un anciano que sólo se identificó como Don Guille, quien dio en el punto, pues lo que pasa en Hershey es sólo una muestra de los desafíos que quedan por resolver en toda Cuba y para el cual la nueva generación deberá buscar las soluciones. 



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