Pablo Escobar (semisquare-x3)
Todos los días, turistas, principalmente extranjeros, llegan hasta el edificio movidos por la curiosidad de las historias que ven en series y películas sobre Pablo Escobar. (Fuente / El Tiempo)

En diferentes papeles de colores, habitantes de Medellín respondieron a un ejercicio de memoria histórica sobre lo que dejó el flagelo del narcotráfico en la capital antioqueña (región de Antioquia).

Este ejercicio se trata de una serie de imaginarios ciudadanos orientados a través de talleres por la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU) para que las personas expongan sus ideas sobre el futuro del edificio Mónaco –en el pasado fue el fortín del capo del cartel de Medellín, Pablo Escobar –a fin de olvidar el trágico pasado.

Del 4 al 13 de julio, la entidad dispuso 17 puntos para recibir las propuestas. 

El edificio Mónaco se convirtió este año en un bien del municipio, por lo que la Administración tiene luz verde para decidir qué hacer con la edificación. La opción, según el alcalde Federico Gutiérrez, es demolerlo y utilizar el lote para crear un espacio que honre la memoria de las víctimas de la violencia en décadas pasadas. “Como todos los símbolos de la ilegalidad, el Mónaco tiene que caer”, dijo el mandatario, quien considera que las víctimas deben ser los protagonistas de la historia de la ciudad.

Margarita Rivera, directora de gestión social y comunicaciones de la EDU, indicó que este no podría ser un proyecto aislado de los ciudadanos. “Quisimos saber qué conocía la ciudadanía sobre este lugar y qué ideas tendrían para su reemplazo. Nos encontramos con que entre la población joven, este sitio no es un referente, e incluso algunos no lo identifican. Pero quienes padecieron aquella época coinciden en que debe ser un lugar en el que no se olvide a las víctimas”, contó la funcionaria.

Otras de las ideas entregadas por la comunidad es que el edificio no sea demolido , sino que se recupere, se remodele y preste algún servicio

“La respuesta de la ciudadanía fue increíble. Cerca de 150 vecinos inmediatos participaron en los talleres. Esto nos dice que la comunidad quiere tener lugares de memoria y no referentes negativos”, puntualizó Rivera.

A la espera de que los sueños plasmados en papeles se hagan reales, el lúgubre edificio de seis pisos sigue allí. Visitado por turistas atraídos por una historia que la capital antioqueña quiere dejar atrás, pero que los narcotours se empeñan en mantener vigente.


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