

4 de agosto de 2026 - 10:53 PM

El lunes, Alexey Ríos García no despertó en su cama de la capital cubana, sino con la brisa del mar y el hormigón del famoso Malecón de La Habana.
El obrero de la construcción, de 30 años, terminó acostándose junto a otros cubanos en el paseo marítimo, en un intento desesperado por escapar del calor sofocante del verano durante otro apagón que afectaba a toda la isla.
La noche del domingo se produjo el sexto apagón generalizado en Cuba desde que, en enero, la administración de Donald Trump aisló de hecho a la isla del petróleo, su principal fuente de energía. La medida profundizó la crisis que atraviesa el país. Aunque las autoridades aseguraron el lunes que trabajaban para restablecer el servicio, gran parte de la isla seguía sin electricidad.
Los cortes eléctricos han dejado a personas como Ríos García con cada vez menos opciones para sobrellevar la situación, mientras Estados Unidos mantiene su campaña de presión contra el gobierno comunista.
“La situación no hace más que empeorar. Mañana se volverá a caer... y volveremos a dormir en el Malecón”, dijo Ríos García, que utilizaba un trozo de espuma amarilla como almohada para proteger su cabeza del duro hormigón.
Los recurrentes apagones, sumados al intenso calor, han provocado un insomnio colectivo en la isla. Mientras algunos, como Ríos García, duermen en el Malecón, otros intentan descansar en los balcones y portales de sus casas.
El domingo, cuando ocurrió el más reciente apagón, la temperatura alcanzó los 93 grados Fahrenheit, aunque la sensación térmica llegó a 106 grados Fahrenheit debido a la humedad del 80%, típica del Caribe.
Se trata de una de las crecientes dificultades que enfrenta la isla, donde la vida cotidiana se ha vuelto cada vez más complicada desde que Estados Unidos amenazó con imponer aranceles a cualquier producto procedente de países que vendan o suministren petróleo a Cuba. El golpe se suma a décadas de sanciones económicas estadounidenses, que han contribuido al deterioro de la infraestructura y al aumento de la emigración.
El más reciente apagón nacional del domingo, confirmado por la empresa estatal de electricidad, ocurrió luego de cortes generalizados registrados el día anterior en el oeste de Cuba, incluidas las provincias de Pinar del Río y Matanzas, así como La Habana.
Las autoridades energéticas informaron de dos colapsos de la red eléctrica nacional en marzo y tres en julio, además de varios apagones parciales.
Los cortes rotativos de electricidad duran ahora más de 20 horas al día. Conseguir gasolina y productos básicos se ha convertido en una tarea de todo el día. Los cubanos temen que alimentos como el pollo congelado se dañen en los refrigeradores por la falta de energía.
La industria turística de la isla, que en otro momento fue uno de sus principales motores económicos, también se ha desplomado, reduciendo aún más las oportunidades de ingreso. La escasez de combustible prácticamente ha paralizado el transporte público en La Habana. Los hospitales también se han visto gravemente afectados y han intentado instalar paneles solares para mantener el servicio.
Los cubanos han demostrado durante décadas una gran capacidad de adaptación a las carencias derivadas del embargo comercial estadounidense. Sin embargo, en los últimos meses la sensación de desesperanza se ha intensificado entre quienes permanecen en la isla.
Entre ellos está Elaine Delis Ramos, una profesora de educación física de 30 años, que pasó la noche junto a sus familiares sobre una manta en el Malecón, buscando un poco de brisa.
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