

20 de octubre de 2026 - 7:24 AM

El aumento en los costos del combustible, el descontento con el estado de las escuelas, el deterioro de los servicios públicos y una crisis de vivienda alimentan una ola de protestas en Europa durante el otoño.
Desde hace semanas, multitudes se han manifestado en las principales ciudades, con algunas protestas marcadas por arrestos, saqueos, personas heridas y actos de violencia en Francia, Italia y Albania. En España y Portugal, han surgido campamentos de tiendas de campaña para protestar contra los precios inaccesibles de la vivienda.
Los jóvenes europeos experimentan “una fuerte sensación de incertidumbre y falta de control”, afirmó María Silvestre, profesora de Sociología de la Universidad de Deusto, en España. “Y cuando coinciden situaciones específicas, de repente surge una chispa capaz de canalizar ese descontento y llevar a la gente a las calles”.

Las ciudades se han convertido en campos de batalla mientras algunas de las principales economías de la Unión Europea (UE), entre ellas Francia, Italia y España, se acercan a elecciones decisivas. Entretanto, los partidos de extrema derecha han logrado avances electorales en Alemania y podrían repetirlos en otros países. La situación también se produce en un momento crucial para el respaldo europeo a Ucrania, mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se acerca al presidente ruso, Vladimir Putin, incluso cuando Rusia es señalada por una frecuencia cada vez mayor de incendios provocados, ciberataques y otros actos de sabotaje en países miembros de la OTAN.
Los políticos de derecha han aprovechado el caos. Aunque las protestas en Francia parecen contar con un respaldo amplio, Trump responsabilizó a los inmigrantes por la destrucción y escribió el lunes en su plataforma Truth Social: “Los migrantes se han apoderado de Francia. ¡Deben CERRAR LAS FRONTERAS, RÁPIDO!”.
Muchas de las protestas han sido impulsadas por jóvenes frustrados. Otros grupos, incluidos agitadores vestidos de negro y con el rostro cubierto, han fomentado la violencia, pero las autoridades francesas y la Policía no han responsabilizado a los inmigrantes.
A continuación, un vistazo a las causas del descontento social en Europa:
En Francia, donde existe una tradición centenaria de protestas populares, estudiantes de escuela superior han organizado bloqueos y manifestaciones durante más de tres semanas para exigir más recursos para los centros educativos, que describen como instituciones con falta de personal y en condiciones deterioradas, especialmente en los barrios de menores ingresos.
Las protestas se ampliaron cuando el sindicato francés CGT y otros activistas se sumaron al movimiento, mientras los estudiantes disfrutaban de sus vacaciones de otoño. Ahora, las demandas también incluyen medidas contra el aumento del costo de vida y el deterioro de los servicios públicos.
Aunque cientos de miles de personas marcharon pacíficamente, los disturbios del fin de semana provocaron 2,400 arrestos y graves incidentes en varias zonas de Francia, incluidos saqueos en París, Marsella, Lyon y Burdeos. En Limoges, las llamas envolvieron el ayuntamiento del siglo XIX y estuvieron a punto de destruir el edificio. Algunas escuelas fueron incendiadas. Mientras estudiantes y alborotadores lanzaban bombas incendiarias y las fuerzas del orden respondían con gases lacrimógenos, cientos de personas resultaron heridas.

El presidente francés, Emmanuel Macron, condenó la violencia del sábado y acusó a activistas de extrema izquierda de intentar provocar el caos mediante ataques contra edificios y agentes de la Policía.
“Quienes saquearon tendrán que pagar por los daños, y quienes intentaron derrocar la República tendrán que rendir cuentas”, declaró Macron el domingo en un inusual mensaje televisado.
En España, maestros de escuelas primarias y secundarias iniciaron la semana pasada una huelga indefinida en Madrid para exigir mejores salarios y condiciones laborales. Docentes inconformes también realizaron paros similares en otras partes del país este año.

En la céntrica Puerta del Sol, en Madrid, tiendas de campaña cubren la plaza desde hace semanas como parte de una protesta contra el aumento de los costos de vivienda. Las manifestaciones comenzaron tras el desahucio de María del Carmen Abascal, una mujer de 87 años que posteriormente falleció mientras estaba hospitalizada. Después surgieron campamentos de protesta más pequeños en otras ciudades españolas.
La presión pública llevó al Gobierno socialista a aprobar medidas para facilitar el acceso a viviendas asequibles, pero estas no consiguieron el respaldo del Parlamento. Ante esa situación, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, convocó elecciones anticipadas para noviembre. También se convocó una huelga general para ese mes, la primera en 14 años.
Protestas similares por el acceso a la vivienda han surgido en las principales ciudades de Portugal, Lisboa y Oporto, así como en Barcelona, uno de los principales focos del turismo masivo en España y de los problemas relacionados con el acceso a un hogar.

El salario mínimo en España es de 1,221 euros (unos $1,370), mientras que el alquiler mensual promedio de un apartamento de 80 metros cuadrados ronda los 1,130 euros (aproximadamente $1,270), según un análisis del diario económico Expansión.
“La mayor parte de mi sueldo se va en el alquiler. Mi compañera de piso tiene dificultades para llegar a fin de mes, igual que yo”, afirmó Diana Manzanares, una camarera de 20 años que participa en el campamento de Madrid. “Esta es mi realidad y la realidad de la mayoría de quienes vivimos en esta ciudad”.
El movimiento “Italia in Piazza”, o Italia en las calles, ha movilizado a miles de manifestantes que exigen mejoras en el empleo, la atención médica, la educación y el acceso a la vivienda, además de salarios más altos. La inflación en Italia aumentó a 4.2% en septiembre, por encima del 3.8% registrado en la eurozona, según datos oficiales.
Las marchas pacíficas dieron paso a disturbios violentos en Turín y Bolonia, así como en Milán, capital financiera y de la moda de Italia. Allí, manifestantes con el rostro cubierto se enfrentaron a la Policía, saquearon comercios e incendiaron propiedades.

La Policía de Milán informó que 271 personas fueron arrestadas, la mayoría menores de edad, y que 14 agentes de seguridad resultaron heridos durante dos días de disturbios.
Ahora, un grupo recién creado que se hace llamar “Movimiento del 17 de octubre” anunció lo que describe como una “movilización permanente”, con manifestaciones todos los sábados a las 3:00 p.m. en distintas ciudades italianas.
Las protestas contra el Gobierno se han prolongado durante más de una semana en Tirana, la capital de Albania. Los enfrentamientos se intensificaron después de que estudiantes de escuela superior y universitarios se unieran al amplio movimiento antigubernamental “Flamingo”, que exige la renuncia del primer ministro socialista, Edi Rama.
Rama ha acusado a los manifestantes de estar “ideologizados y radicalizados” por la antifa, un término general que describe a grupos de militantes de extrema izquierda organizados de manera informal. El presidente Trump ha designado al movimiento como una organización terrorista en Estados Unidos.
La lucha contra la corrupción es una de las principales exigencias del movimiento, cuyo nombre alude al hábitat natural de los flamencos en una zona donde el Gobierno de Rama acordó permitir un importante proyecto de turismo de lujo vinculado a Jared Kushner, yerno de Trump.
Los manifestantes también exigen protecciones para los servicios de salud, la educación y las pensiones públicas, según el sitio web del movimiento.
En Serbia, estudiantes universitarios que encabezan protestas multitudinarias contra la corrupción desde hace casi dos años se enfrentan al intento de regresar al poder del antiguo líder populista del país balcánico, Aleksandar Vučić, en las elecciones parlamentarias.
El expresidente, señalado por su estilo autoritario, aspira a ser nombrado primer ministro después de la votación del 25 de octubre. Se cree que el partido Lista de Estudiantes, respaldado por jóvenes, compite de cerca con la formación política de Vučić. La incertidumbre sobre el resultado ha aumentado los temores de posibles episodios de violencia.
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