

19 de junio de 2026 - 6:49 AM

CIUDAD DE MÉXICO — Mientras la fiebre del Mundial se apodera de la Ciudad de México, uno de los grandes favoritos de la afición del torneo no es ni un jugador, ni un entrenador, ni la mascota oficial. Junto al pato Merlín, en el panteón de aquellos que se ganan el corazón de todos, se encuentra Osito, un perro mestizo de caniche de 8 años rescatado que se ha convertido en una sensación inesperada tras llegar al partido inaugural de México montado en la parte trasera de una bicicleta de carga, vestido con una camiseta de México, gafas de sol y una gorra.
Mientras miles de aficionados se dirigían en masa al estadio la semana pasada para el partido inaugural del torneo, muchos se detuvieron para hacer fotos, acariciar al perro y publicar vídeos en Internet. En cuestión de horas, Osito ya aparecía en retransmisiones internacionales y se hacía viral en las redes sociales, lo que convirtió a este perro que monta en bicicleta en una de las estrellas virales más entrañables del Mundial.
Para su dueño, Jorge Rangel, lo importante no es tanto la fama en Internet como la compañía que le brinda el perro, que le acompaña prácticamente a todas partes. Durante los últimos dos años, Osito ha acompañado a Rangel en sus recorridos diarios repartiendo productos para el hogar por toda la Ciudad de México.
“Más que un perro, es mi compañero de cada día”, afirmó Rangel, de 50 años.
Viajan juntos en una bicicleta de carga especialmente adaptada, en la que Osito se sienta tranquilamente en un compartimento trasero, saludando a los transeúntes y haciendo sonreír a los desconocidos.
Todo empezó por casualidad. Un día, Rangel metió al perro en una caja de reparto acoplada a su bicicleta y se lo llevó a dar un pequeño paseo. A Osito pareció gustarle. Con el tiempo, Rangel añadió cojines, ajustó la configuración y, poco a poco, empezó a llevarlo en recorridos más largos por la ciudad. En poco tiempo, la pareja se convirtió en una imagen habitual.
Ahora, los niños se apresuran a saludar a Osito, los desconocidos se detienen para hacerle fotos y algunos, al principio, lo confunden con un peluche porque se queda tan quieto, a menudo vestido con uno de sus muchos trajes.
“Tiene un carácter muy afable. Todo el mundo quiere conocerlo”, dijo Rangel.
Cuando llegó el Mundial, Rangel vio la oportunidad de dar a conocer a Osito a un público aún más amplio.
Apasionado del fútbol, pasó semanas preparándose para el torneo, reuniendo accesorios y adaptando unas gafas de sol para que le quedaran bien al perro. Vistió a Osito con la camiseta de la selección nacional y decoró la bicicleta, con la esperanza de destacar entre la multitud que se dirigía al estadio.
“Superó todas mis expectativas”, afirmó Rangel al referirse a la respuesta.
Lo que parece calar más entre los seguidores no es el disfraz ni la fama viral, sino la relación entre el hombre y el perro. Rangel adoptó a Osito hace años, durante una etapa difícil de su vida, y lo describe como su salvavidas emocional.
“No sabía lo que significaba querer a un animal hasta que Osito entró en mi vida”, dijo Rangel.
Hoy en día, los dos pasan casi todos los días juntos. Si Rangel se va sin él, Osito se queja haciendo algo que rara vez hace: ladrar.
Su vínculo resulta evidente para los desconocidos con los que se cruzan por la calle. Rangel recuerda que hay gente que se le ha acercado para decirle que ver a Osito les había alegrado un día que, de otro modo, habría sido estresante. Algunos les han dado las gracias simplemente por hacerles sonreír.
Ahora, mientras continúan las celebraciones del Mundial, siguen circulando vídeos de Osito y no dejan de lloverle peticiones de fotos. Sin embargo, cada mañana, Rangel y Osito se suben a su bicicleta y vuelven a las calles de Ciudad de México, donde siguen trabajando, saludando a desconocidos y repartiendo momentos de alegría.
Para Rangel, esa sigue siendo la parte más importante de la historia.
Las apariciones en televisión y la fama viral son gratificantes, afirmó. Pero lo que más importa es que la gente vea el cariño que se tienen un hombre y su perro, un vínculo que, de forma inesperada, se ha convertido en una de las imágenes más entrañables del Mundial.
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Esta historia fue traducida del inglés al español con una herramienta de inteligencia artificial y fue revisada por un editor antes de su publicación.
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