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Sin avances en la guerra en Ucrania y con luchas internas en el gobierno: ¿se debilita la figura de Vladimir Putin?

La baja asistencia y poco entusiasmo en el desfile militar del Día de la Victoria dejan en evidencia cambios en Rusia

10 de mayo de 2026 - 9:39 AM

Moscú - El presidente ruso, Vladímir Putin, muestra unos signos de debilidad que no se habían visto desde que comenzó la guerra en Ucrania en febrero de 2022. La campaña militar se ha estancado, sus índices de popularidad no dejan de caer y su entorno empieza a pensar en su propio destino más que en el futuro del país.

Y lo que es peor para el Kremlin, los rusos se han dado cuenta después de muchos años que “el rey está desnudo”, es decir, que la propaganda ya no es capaz de ocultar las miserias de un sistema creado hace más de un cuarto de siglo.

La parada de la derrota

Los analistas destacan que el punto álgido de la debilidad de Putin quedó de manifiesto este sábado en el que debía ser el día más grande del Kremlin: el desfile militar del Día de la Victoria sobre la Alemania nazi en la Gran Guerra Patria (1941-45).

En cambio, el 81º aniversario ha pasado a la historia a ojos de sus críticos como la “Parada de la Derrota” -así lo definió el exiliado periodista Ígor Yakovenko-, ya que Moscú necesitó el visto bueno de Ucrania y Estados Unidos para que sus soldados marcharan sin contratiempos por el adoquinado de la plaza Roja.

Sin armamento pesado y con apenas invitados en las tribunas, sin la tradicional marcha de los moscovitas con las fotos de los veteranos de guerra, sin internet móvil, el 9 de mayo fue un día en el que los partidarios de la guerra comprendieron al fin que la ansiada victoria no se repetirá en Ucrania.

La pompa soviética, la apología del pasado que tanto gusta al Kremlin se topó de bruces con la realidad del pánico que provocan los drones enemigos, que pueden golpear toda la Rusia europea, desde los Urales al mar Báltico. La retaguardia rusa está indefensa.

El sistema putinista se resquebraja

La politólogos independientes repiten desde hace semanas que el sistema putinista tiene los “días contados” y que los actuales boyardos serán los que decidan el cuándo y el cómo Rusia abrirá la transición a un nuevo modelo que deberá renunciar a los delirios de grandeza y al revanchismo imperialista. Puede ser una reforma democrática como en 1991 o un deshielo, como ocurrió tras la muerte de Stalin en 1953.

“Putin está perdiendo su magia”, señaló en un artículo Alexandr Báunov, autor del libro “El fin del régimen” sobre las dictaduras españolas, portuguesa y griega, quien añade que “cada nuevo paso de Putin está encaminado a conservar el poder, pero únicamente acelera el proceso de desintegración”.

La prensa internacional y rusa ha sacado a la luz las luchas intestinas entre el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, por un lado, y las fuerzas de seguridad (FSB, FSO y la Guardia Nacional), por el otro. Mientras, los tecnócratas miran desde la barrera y los oligarcas luchan por la redistribución de recursos y el favor del Kremlin.

A esto se suman las informaciones, que citan fuentes de servicios de inteligencia europeos, sobre el creciente temor en el círculo más cercano a Putin sobre su seguridad y un posible golpe palaciego. El objetivo de todas las miradas sería Serguéi Shoigú, el exministro de Defensa caído en desgracia desde que fuera destituido (2024) y de que muchos de sus colaboradores fueran procesados por corrupción.

Uno de los síntomas más claros de decadencia es el bloqueo de internet. Según los expertos, Putin, un hombre analógico del siglo XX, no entiende que la red no es solo un medio de comunicación, sino una fuente de trabajo e ingresos, del que dependen decenas de millones de rusos. Como resultado, la intención de voto del partido del Kremlin no supera el 30 %.

Se acumulan los problemas

En el plano militar, los rusos no recuerdan la última vez que el ejército logró una victoria importante en el frente de Ucrania. La ofensiva primaveral ha sido un sonoro fracaso y el control de todo el Donbás es, a día de hoy, una quimera.

Mientras, las bajas se multiplican. Según el nuevo recuento de los portales independientes Meduza y Mediazona, ya son 352,000 los rusos muertos en acción hasta diciembre de 2025. Esa cifra de muertos incluye exclusivamente a los combatientes con edades comprendidas entre los 18 y 59 años, y no a los mercenarios extranjeros.

Además, los ingresos por las exportaciones de petróleo y gas cayeron un 38.3% entre enero y abril, pese al drástico alza de los precios del barril por la guerra en Irán, lo que limita la capacidad de combate de la máquina de guerra de Putin.

“Todos saben que en Rusia no se juzga a los ganadores. Pero ocurre que a los perdedores sí se les puede juzgar. Justo ese proceso ha comenzado en relación con Putin”, advierte Báunov.

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