Ana Teresa Rodríguez Lebrón
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Ser negra en Puerto Rico

En los años ochenta, mientras jugábamos, una vecinita cuyo equipo estaba perdiendo decidió gritarnos a mi hermana y a mí que éramos unas “tramposas”. Al nosotras negar la acusación, prosiguió a presentar como evidencia irrefutable que lo éramos por ser hijas de nuestro padre; un hombre que “era un negro sucio de la basura”. Aún recuerdo la violencia de sus palabras incrustarse en mi piel como si hubiese estallado una bomba en mis manos. A mis nueve años, sentí que no podía respirar. 

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