Orlando Parga
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Apostando a la resiliencia ideológica

Hace un fracatán de años los Neandertales aprendieron que juntos podían sobrevivir la amenaza de los animales prehistóricos y los rigores de la naturaleza. De allá vienen las raíces de tribus, naciones e imperios que hoy constituyen nuestra civilización. Los partidos políticos son tribus forjadas para avanzar principios ideológicos, causas o aspiraciones programáticas.

En el caso de un territorio colonial como Puerto Rico, la ideología de estatus predomina y atrapa la fidelidad electoral de los miembros de la tribu… hasta que les toca escoger al cacique. Ahí termina el romance ideológico, se apodera la pasión personalista y los correligionarios se transforman en fieras salvajes.

Los partidos Republicano, Unión-Republicana y Estadista Republicano fueron colectividades estadistas que sucumbieron a luchas por jefatura; pugnas que disfrazaron en principios, pero esencialmente originadas por el crudo impulso del “quítate tú pa’ ponerme yo”.

El Partido Nuevo Progresista ha sido más resiliente que sus antecesores: Luis A. Ferré cedió a Carlos Romero Barceló en 1973. Romero Barceló se resistió al reto de Hernán Padilla en 1984. Baltasar Corrada perdió en 1988 y se echó a un lado. Pedro Rosselló González se retiró en 2000, pero regresó en 2004, derrotando a Carlos Pesquera. Luis Fortuño se impuso a Rosselló González en 2008 y dejó a Pedro Pierluisi en 2012. Ricardo Rosselló Nevares derrotó a Pierluisi en 2016; hasta que la hecatombe en el “Verano del ’19” provoca este increíble escenario entre la gobernadora constitucional Wanda Vázquez y el gobernador de “96 horas” Pedro Pierluisi.

Ni los Neandertales que pelearon contra los dinosauros con hachas de piedra habrían sobrevivido tan sanguinaria reyerta. Ni la mortal pandemia del COVID-19 crea solidaridad entre los líderes progresistas a cargo del gobierno.

La mayoría progresista en la Cámara de Representantes que el año pasado colgó a Pierluisi, pero este año lo adopta en misterioso embrujo, le cuelga el presupuesto 2020-21 a la gobernadora Wanda Vázquez para que prevalezca el de la Junta de Control Fiscal Federal y pretende criminalizar a una exfiscal, exprocuradora y exsecretaria de Justicia por el horrible pecado de que, tras entrar por sucesión a La Fortaleza, pretende quedarse sin permiso de los líderes institucionales del partido.

Esa osadía la convierte en blanco de odio implacable a manera de ataques sexistas, crueles, personalistas tan furibundos que la oposición popular decidió guardar sus armas y, desde palco privilegiado, contempla como su adversario se destroza y desangra.

La teoría es que después del 9 de agosto, en la papeleta del 3 de noviembre estará el ideal y la estadidad hará otro milagro.

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