Mayra Montero
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Bravo por Bernier

La frase más significativa del comunicado de David Bernier, declarando que no participará en las elecciones, es ésta: “me alejé de la vida y el debate público, no por falta de interés, sino por un asunto de responsabilidad y subsistencia”.

Esto, obviamente, en respuesta a los reproches que le hizo la alcaldesa de San Juan, hace unos días, respecto a su actitud “desde la comodidad y el silencio”.

No sé dónde está la comodidad de Bernier. Cómodo, y muy cómodo, es ser funcionaria pública, con un altísimo salario, y con la posibilidad de viajar fuera del país cada vez que a Bernie Sanders le pica una oreja o quiere rodearse de sus colaboradores.

Levantar una oficina médica, dotarla de equipos y hacerse con una clientela de pacientes a los que hay que mantener contentos y bien atendidos, no es precisamente el ideal de comodidad de nadie.

En otras palabras, Bernier le dijo a la alcaldesa: me alejé del debate público porque yo sí que debo doblar el lomo, no tengo un cheque asegurado a fin de mes y el privilegio de alzar el vuelo cada vez que hay bautizo de muñecas en Vermont.

Lo del silencio es relativo. No estaba obligado Bernier a divulgar sus aspiraciones antes de tiempo porque le conviniese a este o al otro.

Pero ya está. Ya dijo que no va. La mejor decisión de su vida. ¿A qué meterse en una campaña enmarañada, sosa, cercana a la indigencia, cuando los donantes políticos ya saben que no tendrán modo de recuperar lo invertido, o apenas rasparán la olla, bajo la mirada vigilante de los federales?

Las reglas del juego han cambiado. En el servicio público, cualquiera puede verse hoy día envuelto en una acusación, una trama dudosa, un escándalo que lo salpique. ¿Vale la pena dejar a los pacientes con la boca abierta para meterse en eso? No hombre no, sería cambiar chinas por botellas. Soportar las intrigas de uno, las pullas de la otra, el frenesí del principal partido de oposición y la luna de Valencia del Movimiento Victoria Ciudadana, del que ya se han apropiado dos, no le compensa para nada al dentista. Pero para nada. 

Mientras tanto, Pierluisi ha dicho que se apunta. A ese no me le han hecho mucho caso, pero lo dijo clarito en un programa de televisión con Dagmar y Arrieta, poniendo esa cara cándida que le conocemos bien. Correrá por la gobernación.

Perfecto. Todos los que no tengan nada mejor que hacer, pueden aspirar a eso: un palacio con su buena cama; un sueldo decente, teniendo en cuenta que no pagan luz; un cocinero, una escolta, un automóvil fenómeno, y una vista espectacular del coro de monjitas que le dicen adiós a los barcos.

De vez en cuando tendrán que reunirse con Natalie Jaresko, que les apretará las tuercas. Pero, ¿qué importancia puede tener eso frente a la gloria de juramentar el primero de enero de 2021?

El casi casi candidato se ha sacudido a tiempo la sombra de la mediocridad. Bravo por Bernier.




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