Andrés Fortuño Ramírez

Punto de vista

Por Andrés Fortuño Ramírez
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“Bullying” contra Puerto Rico

Cuando las víctimas finalmente comenzaron a protestar, sus verdugos, en vez de poner los oídos a funcionar y escuchar el dolor detrás de las quejas, comenzaron a lanzarles insultos, bajo la premisa de que les estaban violando sus derechos. En especial, el derecho a hacer con estas lo que les diera la gana.

Hace algún tiempo en el mundo entero se ha estado levantando consciencia sobre las terribles consecuencias del “bullying”. Hoy en día está confirmado que las mofas y burlas crueles hacia otras personas, sea por exceso de peso, raza, preferencia sexual o cualquiera de sus ramificaciones, tienen consecuencias y pueden marcar vidas de forma permanente.

Aun así, muchos acosadores o “bullies”, ya en plena adultez, se resisten a cambiar y a evolucionar. Algunos hasta asumen el papel de víctimas. Se les ve en oficinas, por la televisión o en las redes sociales, lamentándose por la imposición social de tener que ser políticamente correctos, de tener que respetar las diferencias y de verse obligados a modificar sus expresiones. Entre estos figura el presidente de Estados Unidos.

Desde que Donald Trump asumió el cargo, muchos avances en el desarrollo de consciencia sobre la triste realidad del “bullying” se han visto truncados. Sus prácticas de expresión, llenas de burlas e insultos, han obstaculizado el desarrollo del respeto colectivo en esta nación. El presidente no ha tenido reparos en acosar a quienes de algún modo representan una molestia o estorbo a sus objetivos, incluyendo a los puertorriqueños.

Esto no significa que los “bullies” han ganado, ni que sus acciones sean un reflejo de quienes somos. Los bravucones se vanaglorian acosando a los más vulnerables y el presidente ha aprovechado nuestra situación para posicionarse. Pero, a juzgar por eventos recientes, y a un año de las elecciones, estas posiciones muy pronto van a cambiar. Pues los puertorriqueños, aún con todas nuestras diferencias, viviendo en o fuera de la isla, seguimos siendo familia. Y a la hora de enfrentarnos al “bullying” nunca estaremos solos.







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