La apertura de una compuerta de Carraízo tras las lluvias recientes invita a mirar más allá de la superficie del lago. Que el agua alcance un nivel elevado es una excelente noticia, pero no significa que el embalse conserve su capacidad original. Los sedimentos acumulados durante décadas y sobre todo por el huracán María ocupan un espacio que podría utilizarse para almacenar agua y amortiguar los efectos de los periodos secos. Aunque la apertura responde al nivel del embalse, las escorrentías y los criterios operacionales de seguridad, la pérdida de capacidad de almacenamiento plantea un gran desafío: conservar una mayor parte del agua que recibimos para afrontar la próxima escasez.

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