


El “hoarding”, como se le llama en inglés a ese afán enfermizo por acumular cosas servibles o inservibles, no ocurre de la noche a la mañana. Comienza casi imperceptiblemente. Un día guardas algo, otro decides no recoger, y más tarde dejas algo tirado porque no tienes el tiempo o la voluntad de echarlo al zafacón. Individualmente, no parece grave. El problema surge cuando la acumulación ocupa el espacio disponible y aquello que era manejable deja de serlo. Lo mismo puede ocurrir con la reputación de un gobierno, organización o individuo.

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