Ángel Muñoz Alicea

Punto de vista

Por Ángel Muñoz Alicea
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COVID-19: un nuevo desafío para el cuidador

Uno de los sectores más vulnerables ante el COVID-19 son los adultos mayores que componen un tercio de la población del país. Según la Organización Panamericana de la Salud, un 20% de ellos requiere algún tipo de cuidado. 

A estos datos se añade lo reseñado por Behavioral Risk Factor Surveillance System (BRFSS), que indica que esta población tiene comorbilidad de condiciones de salud, entre las que resaltan: asma, depresión, artritis, diabetes, enfermedades coronarias, ataques al corazón, cáncer y enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

El cuidado de estos adultos mayores descansa en su cuidador informal primario. Según datos del estudio Perfil del Cuidador Informal en Puerto Rico, realizado recientemente por la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, casi el 80% de los cuidadores en el país son mujeres de 51 años de edad. La lista de tareas que realizan es tal que, en muchas ocasiones, supera sus energías y recursos emocionales. Son responsables de la higiene, alimentación, coordinación de citas médicas, manejo de medicamentos, limpieza del hogar y compra de provisiones, entre otras. A esta realidad que enfrentan a diario se le suma ahora la preocupación por el COVID-19.

La principal recomendación para ese cuidador es que siga las guías provistas por los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) en relación con la higiene y la prevención. Es fundamental, no obstante, insistir en la importancia de no perder la calma. Mantener la calma evitará que se exacerben síntomas de estrés y ansiedad, puesto que los niveles altos provocan fatiga emocional, sobrecarga y la quemazón de los cuidadores. Si a esto se suman poco descanso, pobre alimentación y falta de atención a las condiciones de salud preexistentes, los cuidadores podrían convertirse en un grupo vulnerable. Así que los cuidadores no deben olvidar las destrezas de autocuidado. Es igualmente importante mantenerse informados, ya que sentirán que están en control, lo que los preparará mejor para enfrentar posibles complicaciones. 

Una recomendación importante es que eviten, en lo posible, frecuentar lugares públicos donde pueda haber personas asintomáticas, pero con potencial de contagio. Hay que tener en cuenta que si el cuidador contrae el virus, puede contagiar al adulto mayor a quien cuida. Si fuera necesario salir, ya sea para comprar suministros o para ir a una cita médica, deberá llevar consigo algún tipo de desinfectante o jabón para las manos, así como pañuelos desechables. Es recomendable llegar lo más cerca posible de la hora de la cita médica y, siempre que se pueda, serían preferibles las consultas médicas por teléfono. 

Por último, como familia, deben establecer un plan alterno de cuido para el adulto mayor, en caso de que el cuidador contraiga una enfermedad contagiosa. Una familia en sintonía afrontará la adversidad con una respuesta adecuada, coordinada y sensible para todos. 




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