Jaime Lluch

Punto de vista

Por Jaime Lluch
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Desastres naturales y buen gobierno

En el medio de la tragedia que vive el suroeste de Puerto Rico, hace un tiempo escuché algunas voces en la radio comercial que decían que el problema es que los puertorriqueños no tienen solidaridad comunitaria, no buscan ayudarse a sí mismos, solamente esperan que el gobierno venga a ayudarlos, y que hay que desarticular esa dependencia de las comunidades sobre el gobierno. Este tipo de ideología política es reminiscente del mantra libertario que repite la derecha de Estados Unidos cuando de manera anti-científica y juvenil insiste que el “gobierno grande” es el problema.

Es exactamente al revés: desde el surgimiento del estado moderno y el fortalecimiento del estado administrativo en el siglo XIX, y subsiguientemente el estado benefactor en las democracias occidentales luego del 1945, es precisamente responsabilidad principalísima del gobierno brindar apoyo a los menos privilegiados, a las comunidades menos favorecidas, y sobre todo a las personas afectadas por desastres naturales. El concepto de ciudadanía se ha ido expandiendo desde el cívico del siglo XVIII hasta el político del siglo XIX y llegando a la visión de la ciudadanía social y el estado benefactor de los siglos XX y XXI (T.H. Marshall 1950).  Para eso es que tenemos un aparato gubernamental llamado el ELA (aunque sea subordinado) y para eso están los alcaldes (aunque sean usualmente caciques del clientelismo), y los emisarios coloniales federales.

Creo que solidaridad comunitaria y vecinal todavía hay en Puerto Rico, y se ha visto desde el 28 de diciembre en Guánica, Yauco, Ponce y alrededores.  Por ejemplo, el grupo llamado “Los buenos somos más” en Yauco que brindó juegos a niños y ofreció terapias de respiración.  Pero, estas comunidades, que también han sido las más exprimidas y maltratadas por la Junta de Control Fiscal, necesitan el apoyo racional, multidimensional y sistemático de los varios niveles de gobierno.

El problema en Puerto Rico es que: (1) el desempeño del gobierno es pobre y hay poca confianza en el mismo; (2) gran parte de las instituciones gubernamentales son instituciones extractivas (ya sean las alcaldías o el ELA o el gobierno federal) y también lo son el PNP y el PPD; (3) niveles bajos de capital social; (4) esta es una de las sociedades que más ha sido sometida desde los 1950 a un hiper-fundamentalismo de mercado y esto ha tenido un efecto negativo sobre el asociacionismo.  

Con los temblores, hemos visto que el gobierno y la gobernadora no electa siguen demostrando la misma ineptitud que vimos pos-María:  la AEE es disfuncional, la gobernadora no incluyó la ayuda a individuos en su primera solicitud a los federales y es servil ante la Junta de Control, y la Comisionada Residente prefiere hacer politiquería con la tragedia humana. 

 Para tener un buen gobierno que pueda responder a los desastres naturales, debemos tenerpolíticosy partidos políticos inclusivos que dejen atrás el clientelismo, la corrupción, el amiguismo y el ombliguismo clanista.  Necesitamos una sociedad que fortalezca las tradiciones cívicas y el asociacionismo y el renacer de una sociedad civil, que haga posible el enriquecimiento de normas de reciprocidad y redes de confianza pública, y así sentar las bases para el buen gobierno. Finalmente, necesitamos contrarrestar el fundamentalismo de mercado, para que las comunidades puedan recomponer sus lazos de solidaridad.




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