


Desde el Ártico ruso nos llegan noticias indignantes. Alex Navalny, el más aguerrido de todos los adversarios políticos de Vladimir Putin, murió en prisión el pasado 16 de febrero de causas (sospechosamente) desconocidas. Esta vez la víctima no se cayó del techo, ni se resbaló en la ducha, ni se cayó por las escaleras, ni se tiró por una ventana. Esta vez la excusa es que, tras un paseo por el patio del presidio, Navalny se tropezó, colapsó y murió. Con el asesinato de Navalny y la descalificación de Boris Nadezhdin, Putin va rumbo a su coronación a menos de un mes de las elecciones que le darán su quinto término en la presidencia rusa.

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