James L. Rivera Velázquez

Punto de vista

Por James L. Rivera Velázquez
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El racismo y la partidocracia

Partidocracia es un régimen en el cual los partidos son los que toman las más importantes decisiones de la vida política estatal. Incluye desde el lanzamiento de los candidatos a los cargos electivos, hasta el control de los electos y el sometimiento de ellos a la disciplina partidista en el ejercicio de sus funciones públicas.

En Estados Unidos y en Puerto Rico la partidocracia se utiliza como mecanismo para viabilizar el racismo en los partidos políticos. 

Es importante señalar que el racismo no es un problema único de Estados Unidos sino uno global. Las primeras muestras de este germen y la utilización de fuerza excesiva llegaron a América en barcos provenientes de Europa hace más de 500 años.

Sobresalta al entendimiento ver cómo el Partido Demócrata en Estados Unidos ha aprovechado la coyuntura para impulsar su candidato presidencial para los próximos comicios electorales. Como también procuran alejarse por completo de su pasado como partido promotor del discrimen por vía estatutaria. 

Al capitalizar la controversia han utilizado la estrategia de polarizar al presidente Trump y al Partido Republicano como únicos responsables de todos los hechos de discrimen. 

En nuestro 100x35 la dinámica no ha sido distinta. Tanto los partidos emergentes como los tradicionales tienen bien arraigado el discrimen en sus entrañas. Nada más con considerar que ninguno de los candidatos a la gobernación es negro, se valida automáticamente la premisa anterior.

Han pasado más de tres décadas desde que alguno de los tres partidos tradicionales tuvo como candidato a la gobernación a una persona negra.

Por otro lado, es cierto que cada uno de los presidentes de los distintos partidos políticos han expresado su repudio al discrimen, venga de donde venga, ya sea hacia los negros o hacia otra raza o nacionalidad, así como también han rechazado la promoción del odio hacia los norteamericanos y la utilización de fuerza excesiva. 

Sin embargo, no vemos acciones reales de ninguno para comenzar a erradicarlo localmente.

Cada día que pasa surge más evidencia sobre cómo se ha integrado en los partidos políticos el racismo por vías de la partidocracia. 

Hace unos días se dio a conocer una sentencia judicial en la que la candidata del partido emergente Victoria Ciudadana, Lcda. Alexandra Lúgaro tuvo ante sí un reclamo de discrimen como presidenta de la empresa de su madre y no tomó acción alguna.

En el PNP su presidente tomó un turno en el cuerpo legislativo que dirige para condenar las acciones de fuerza excesiva que desembocaron en la muerte de George Floyd, llamando “criminales” a los policías, pero obvió por completo que recientemente juramentó a un nuevo senador involucrado en situaciones relacionadas con racismo según se describe en un informe del Departamento de Justicia Federal.

El PPD nunca ha tenido un presidente negro, pero desde su origen fomenta una modalidad del discrimen, el colonialismo, y el PIP, luego de su fundador jamás ha tenido un presidente, candidato o miembro por acumulación en la Asamblea Legislativa negro. 

Para terminar con el discrimen hay que terminar con la partidocracia.







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