Mayra Montero
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El status y la fábula

Cada vez que surge un partido o movimiento, o como quieran llamarle, la prioridad debería ser explicar cómo se va a superar la dependencia extrema en que vive la isla. Es lo primero, no hay concepto más abarcador y decisivo que ese. Una vez se explica o se analiza la situación desde esa perspectiva, ya entonces se puede hablar de status, de descolonización y de promesas macroeconómicas, como el seguro de salud universal y el retorno a la danza de los millones con beneficios de primer mundo.

(La descolonización, dicho sea de paso, es por fuerza independencia. Pero como descolonización es una palabra menos tajante, se ha puesto de moda usarla lo mismo para un roto que para un descosido, y hasta para la anexión, que da risa. ¿Va a aceptar el gobierno de Washington, después que Puerto Rico obtenga su soberanía, recibirlo de vuelta como estado? A mí me parece que no, pero bueno, eso es lo que dictan las reglas internacionales: primero te autodeterminas, y a continuación escoges integrarte).

Volviendo al punto de partida, los que tienen que hablar en esas reuniones donde se sueltan promesas como globos, son los economistas. Antes de discutir el status, la presencia de la Junta Fiscal, el rescate de las instituciones (que es una frase que se repite sin que la mayoría entienda lo que significa), ¿por qué no se plantea lo que sería una ruta económica y educativa hacia la emancipación? Real, con números en la mano (así, golpeando la palma de la mano con el dedo índice), no con supercherías ni fondos federales.

Usted promete un plan de salud universal, pues diga con qué dinero lo va a costear. Afirma que reabrirá todas las escuelas y devolverá su antiguo presupuesto a la UPR, pues infórmenos de dónde saldrán los fondos. Asegura que se respetarán las pensiones de los servidores públicos y se revocarán las medidas de austeridad, perfecto, ¿pero cuál es la base financiera de eso?

Aun cuando no se pagase un centavo de la deuda, y se eliminaran todos los contratos que tiene el gobierno, recortándose al mínimo el salario de los funcionarios-lapa… ¿de dónde para lo que prometen? ¿De dónde en un país quebrado y sin más horizontes que las farmacéuticas y el consumo en las megatiendas? Consumo que se evaporaría al desaparecer ciertos subsidios.

Hasta los cuentos de hadas deben tener cierta verosimilitud: el hada se rasca la oreja o se saca un moco. Antes de hablar de status, habrá que desmenuzar las bases económicas de cada fórmula, cosa que en Puerto Rico se evade constante y consistentemente. Habrá que analizar las realidades fronterizas y aduanales. Y habrá que aceptar que en el fondo del caño hay una narcoestructura importante, ¿o la ignoramos?, una situación que supera a los organismos de seguridad y a los gobiernos, y que es huidiza pero poderosa. Todo eso va primero que el status. Porque lo que no puede hacerse es “descolonizar” poéticamente, y ver que se hace luego con las realidades que nos estallan en la cara.

Cada vez que alguien promete que se le cortará el flujo de fondos a la operación de la Junta Fiscal, lo hace por demagogia, y en busca del aplauso fácil. Saben que la Casa Blanca puede sacar ese dinero de cualquier otra partida de las muchas que están en turno, entre ellas los $45,000 millones que han destinado a Puerto Rico para reconstrucción. Deciden que la Junta es una actividad “reconstructora” y listo. Al fin y al cabo, el hecho de que esos fondos salgan de Hacienda es una mera formalidad.

Cualquier iniciativa social o política debe incluir unos mínimos de proyección económica. Por decencia, por responsabilidad moral y ciudadana. Si no se trabaja sobre esa fórmula, será imposible subir otro peldaño. Por eso, tan a menudo, todo se queda en el revoloteo y la fábula. 

Hablar claro es más lindo que todas las lindezas juntas.



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