Brenda Reyes Tomassini
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Es urgente proteger a las ballenas del plástico

En días recientes el economista Ralph Chami, subdirector del Instituto para Desarrollo y Capacitación del Fondo Monetario Internacional, publicó unos hallazgos novedosos sobre economía ambiental. Chami, un apasionado de las ballenas y miembro del Great Whale Conservancy, estimó el costo de una ballena azul -que abundan en el Pacífico- en dos millones de dólares y su captación de dióxido de carbono en 9 toneladas. Esto sucede cuando las ballenas comen plancton, microscópicas algas marinas. El plancton de por sí -como muchas plantas- tiene clorofila y en el proceso de fotosíntesis la convierten en energía. Al igual que las plantas terrestres, el plancton consume dióxido de carbono y emite oxígeno. Cuando el animal marino más grande del mundo las consume, captura la misma cantidad de dióxido de carbono de 30,000 árboles. La producción de plancton es común en el Pacífico y el Atlántico, específicamente cerca de la línea del ecuador, donde tenemos mayor cantidad de luz casi todo el año. 

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