Orlando Parga
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Estadidad: consistencia y tenacidad

El borrador de una carta enviada por un congresista degradado a minoría en las elecciones de medio término, fue suficiente para intranquilizar a aferrados al coloniaje.  Les asusta que se cuenten votos de estadidad sí o no, los del mismo Partido Popular Democrático que lo propusieron como artefacto de campaña en 2016.  

¿Qué ha cambiado desde entonces?

María es desgracia de la que todavía nos falta recuperar, más no quepa duda, sus vientos trajeron un reajuste existencial: nuevas generaciones estadounidenses descubrieron que poseían una colonia poblada por conciudadanos en desigualdad económica y política; mientras acá, los aferrados a “lo mejor de dos mundos” descubrían que vivían el peor.  Eso explica el pisa y corre del frente opuesto a la estadidad, ante la amenaza de nuevamente contarle sus votos.

Los estadistas no necesitamos que el congresista Rob Bishop intente remediar con una simple carta el incumplimiento a correligionarios republicanos puertorriqueños que le ayudaron a recaudar $1.2 millones para su campaña de reelección.  El osado ideal que Barbosa lanzó en 1899 creció con el paso del tiempo.  Al iniciarme adolescente en la campaña política de 1956, éramos el tercer partido con menos votos que el Partido Independentista Puertorriqueño.  Luego, roto el unipartidismo muñocista por el Partido Nuevo Progresista, a los estadistas nos condicionaron la petición de admisión a una súper mayoría en las urnas.  Así empezó el “teje y maneje” de consultas plebiscitarias… la “quinta columna”, “ninguna de las anteriores” y “echar la papeleta en blanco” para huirse del conteo adverso en votos.  Hoy en día, tras el capítulo concienciador de María, son pocos los que disputan que la estadidad sea mayoritaria en la opinión pública, y la súper mayoría posible en las urnas.  A eso, que el sí o no sea como la cruz al diablo, para los que aborrecen nuestro ingreso a la unión.

El sabor a triunfo trae consecuencia.  Nuestro coloniaje tiene 525 años y el mejunje del ELA que iba a curarlo ya cuenta seis décadas; no obstante, la cultura de inmediatez ahora pretende el Congreso nos admita en un santiamén.  En menoscabo electoral, el adversario utiliza la parsimonia procesal de los dueños del club privado más exclusivo del mundo ante la admisión de un nuevo socio.  ¡No nos quieren!, es la consigna para sembrar complejos de hispanos en minoría.  El camino por andar no será fácil ni corto, pero la ruta está trazada.  La estadidad no es un velero sujeto al caprichoso vaivén de los vientos; es el puerto seguro para nuestras aspiraciones.

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