Johnny F. Rullán Schmidt
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Gobierno al desnudo

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Mucho se esconde tras telas, cosméticos y ropaje, desde pelos indeseados y chichos, hasta barritos en la cara, pero nada comparado con lo que aquí se escondía tras el velo de un supuesto plan de recuperación pos-María.

Cinco años y $74 mil millones … eso tuvo el gobierno a su alcance para reconstruir y preparar a Puerto Rico ante futuros huracanes después de María. Eso daba para tener la isla tan lista para huracanes como lo está Japón para recibir terremotos con su impresionante arquitectura antisísmica. Pero parece que perro viejo no aprende trucos nuevos, y lo que estuvimos fue hasta peor preparados.

Destrucción por el huracán Fiona en Villa Esperanza, en Salinas.
Destrucción por el huracán Fiona en Villa Esperanza, en Salinas. (Ramón “Tonito” Zayas)

Antes de atravesar diametralmente a la República Dominicana como categoría dos, y dejar a 11.5 mil abonados sin luz, el ojo de Fiona no hizo más que atravesar la esquina de Puerto Rico como categoría uno para dejarnos con 130 veces más la cantidad de abonados sin luz (1.5 millones por el apagón general), 2,100 refugiados, inundaciones históricas, muertes y desalojos a diestra y siniestra.

“Esto parece una zona de guerra”: palabras de un residente de la comunidad Villa Esperanza, en Salinas, donde el río Nigua salió por completo de su cauce para inundar hasta con lodo a las casas. Esta misma comunidad fue una de entre varias en Salinas que estuvo formalmente peticionando la limpieza de los canales de riego previo a la llegada de Fiona, cosa que hubiera evitado las catastróficas inundaciones que obligaron el desalojo de unos 400 residentes. Ignorada su petición.

$21 mil millones en fondos federales de obra permanente asignados para la reconstrucción, y según informes de prensa, apenas 3.2% de ellos utilizados durante los cinco años, y $0.00 para limpiezas de canales de riego, dragados de embalses ni reubicación de comunidades vulneradas en Salinas: una de las regiones más fatídicamente inundables de la isla. Mejor inversión pareció ser la otorgación de recursos clandestinos para los “trailers” en Bahía Jobos, cuya tala de manglares también contribuyó a las inundaciones extremas de Salinas.

Es decir, que tras no haber ofrecido ni tan siquiera migajas del presupuesto federal de reconstrucción para una de las áreas más vulneradas que los peticionó, rompieron la ley para acabar de vulnerarla aún más. Estamos hablando de violencia, y esta historia se repite en los demás municipios de la isla.

¿Qué plan de recuperación ni qué plan? $21 mil millones, recalco miles de mi-llo-nes, para obra permanente, y el gobierno de Puerto Rico permitió que llegaran vientos huracanados a una isla con un total de 3,646 residencias que lo que tenían por techo era un toldo azul.

Con fondos suficientes para rehacer nuestro sistema eléctrico completo, lo que tenemos es uno que, a tres días del paso del huracán, mantiene al 75% de la población sin luz. En la oscuridad los hogares, pero en plena luz el fracaso del plan del plan.

En otras palabras, tiempo y fondos hubo para evitar las cifras que hoy sufrimos, lo que no hubo fue voluntad política, empatía ni priorización de vidas puertorriqueñas. Esto comenzó cuando los $74 billones asignados fueron regulados bajo un programa federal de reembolso que se creó a raíz de los casos de corrupción que dieron lugar en Puerto Rico bajo la pasada administración. Bajo este programa, las propuestas ahora deben ser pre-aprobadas y luego pagadas con fondos locales, para luego entonces ser reembolsadas con los fondos federales asignados.

Esto resultó en una carencia y demora en la generación de propuestas por parte de las pasadas dos administraciones. O sea que, tras haber mostrado una avaricia y malversación descabelladas con nuestros fondos, parece que los nuevos pasitos extra de trabajo no valían la pena tomarlos para proteger nuestras vidas.

Revuelve el estómago y hunde el pecho enfrentar esta realidad, pero Fiona nos ha obligado a mirarla a los ojos. Entre sus lluvias torrenciales y furia de vientos, ha puesto de relieve la negligencia e indiferencia catastrófica que existe entre nuestros gobernantes. Negligencia que, sin lugar a dudas, es de los principales factores detrás del aumento desmedido en los padecimientos de salud mental entre puertorriqueños, por lo que me veo en la obligación de denunciarla. Tal y como lo acuñó en el 1970 la feminista Carol Hanisch, “lo personal es político”.

Así como sucede en el proceso de perder la inocencia y volverse adulto, ahora no podemos ignorar lo que ya hemos visto. Como dicen por ahí “por la plata baila el mono” y “músico pagao’ no toca bien”; ya es hora de que todos tengamos bien claros a quiénes les aplican esos refranes y, por otro lado, quiénes genuinamente se dedican al servicio público. Los responsables del desastre, sin atuendos, villas ni castillas para encubrir sus agendas han quedado; desnudos ante toda la nación gracias a Fiona. Examine, juzgue usted, y jamás olvide lo que vio.

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