Iván Meléndez Rivera

Punto de vista

Por Iván Meléndez Rivera
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Health Care Act: que hablen las aseguradoras

Justo cuando se reavivaba el dolor por el recuerdo de la terrible masacre ocurrida en la discoteca Pulse, el presidente Donald Trump revirtió una regla establecida dentro del Health Care Act de 2016, para eliminar los derechos de la comunidad transgénero a recibir servicios de cuidado médico como cualquier otro ciudadano. Esta decisión promueve otra forma de discrimen hacia una comunidad en minoría que ha sufrido una marginación histórica y sistemática. 

En conjunto, la población afroamericana y latina componen la mayoría de la población transgénero en los Estados Unidos y sus territorios. Con esta decisión, Trump cancela las protecciones explícitas de no discriminación hacia las personas de experiencia transgénero para recibir cuidado clínico que estableciera el expresidente Obama. De igual manera, los proveedores de atención médica podrían negar un servicio médico a este grupo, que pertenece al colectivo LGBTTQI. 

Mi experiencia de más de dos décadas en la práctica de la medicina me ha permitido conocer incontables casos de mujeres y hombres transgénero que, por temor al desprecio y al rechazo, no han buscado ayuda médica luego de recibir una agresión. De igual manera, han recurrido a hacerse procedimientos y tratamientos ilegales, exponiéndose a situaciones que comprometen su salud y les exponen a personas irresponsables que se aprovechan de su vulnerabilidad. 

En el caso de las personas trans, un plan médico podría negar la cubierta de las hormonas para la reafirmación de sexo, uno de los tratamientos básicos para la disforia de género (trastorno que denota la inconformidad física, mental y emocional de una persona con su sexo asignado al nacer). Con ello, ahondarían más la herida de un discrimen que se basa en la ignorancia e ignorarían las recomendaciones clínicas para mejorar la calidad de vida de estas personas que, de ordinario, son victimizadas una y otra vez por todos los sectores de la sociedad, empezando por el seno familiar.

Si los gobiernos deben ser muy cuidadosos con las legislaciones que propongan para los servicios de salud, más aún deberán serlo las aseguradoras de salud. La misma sensibilidad que debe tener un país por sus ciudadanos, sin dobleces ni restricciones, se espera de quienes autorizan los procedimientos para beneficio de la salud de un ser humano. Nada más imagine este escenario: usted lleva una vida añorando un tratamiento que mejorará su calidad de vida en todas las áreas. Entonces, logra el acceso al tratamiento, busca ayuda médica y comienza a disfrutar de los resultados. Usted y su familia disfrutan estos beneficios y, de pronto, recibe una notificación de parte de su aseguradora indicando que ya no puede continuar pagando los costos del tratamiento y no le provee ninguna alternativa. 

¿Cómo se sentiría? 

Eso mismo pasaría con las personas de experiencia trans ante esta situación.

Otro ejemplo para considerar es la depresión, un trastorno mental que afecta a más de 264 millones de personas en el mundo. ¿Existen pruebas de sangre que detecten los niveles de depresión? No. Sin embargo, los médicos tratamos esta condición con antidepresivos que inhiben la reabsorción de serotonina, un tratamiento médico probado efectivamente. Así mismo trabajan las hormonas para el tratamiento de reafirmación de sexo en las personas trans. Ninguna de estas necesidades clínicas es visible, pero ambas se sufren y se sienten—una no está por encima de la otra porque, para quien las padece, son igualmente importantes.

La bola está en la cancha de las aseguradoras. Con valentía y compromiso de servicio, pueden establecer políticas corporativas para que ninguna persona de experiencia transgénero sea privada de recibir cuidado clínico adecuado, a pesar de la ley vigente. De lo contrario, se harían cómplices de uno de los mayores atrasos experimentados por la comunidad transgénero en el área de la salud.

Con seriedad y respeto, planteo mi postura sobre este asunto. Ahora, invito a que hablen las aseguradoras: más que con palabras, con acciones.