José B. Márquez

Punto de vista

Por José B. Márquez
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La certeza de un mejor país

Por los pasados cinco meses, El Nuevo Día ha publicado columnas semanales escritas por colaboradores del Observatorio Ciudadano de Jóvenes #SOMOSelAHORA. A modo de reflexión sobre esta serie especial, ¿cuáles fueron algunas de las tendencias y convergencias perfiladas en ese coro de voces diversas?

En primer lugar, los jóvenes denunciaron las condiciones sociales en las que se pretende se desarrollen a nivel social, económico y político. Denunciaron las insuficiencias del sistema educativo tanto escolar como universitario y el ambiente laboral precario que propicia índices de pobreza y desempleo desproporcionales en la población juvenil. De ahí que el perfil del emigrante puertorriqueño sea abrumador en jóvenes entre 20-34 años en busca de mejores condiciones económicas.

En segundo lugar, los jóvenes enmarcaron muchos de sus reclamos en un vocabulario de derechos humanos y civiles. Reclaman educación de calidad, servicios de salud accesible, estrategias de seguridad coherentes y acorde a la evidencia científica, y oportunidades de trabajo digno.

Pero, al hacerlo, no solo parten de la premisa de la viabilidad económica de estos derechos en una sociedad que distribuya bien sus recursos, sino que, además, creen en su exigibilidad como garantías mínimas de un sistema democrático y respetuoso de los derechos humanos.

En tercer lugar, los jóvenes demuestran una enorme conciencia ciudadana sobre los retos actuales del país, así como profundidad y audacia para afrontarlos. Sus reclamos no se reducen a principios abstractos sin propuestas específicas para materializaros.

Por el contrario, conocen lo que indica la evidencia sobre los problemas más agudos, los modelos de política pública que pudieran mitigarlos y las lógicas políticas y económicas que se interponen a tales modelos.

Además, aún con pleno conocimiento de la adversidad que se avecina, los jóvenes exhiben una fe sobrecogedora. El hilo conductor de esa fe parece ser la certeza fundamental de que otro país es posible. Algunos han experimentado en los proyectos sociales o comunitarios la semilla de ese otro país; otros han estudiado los proyectos de país que existen en decenas, sino cientos, de informes y publicaciones locales y están convencidos que ya es hora de implementarlos; otros creen que la crisis actual, precisamente, constituye la oportunidad idónea para construir ese otro país.

Pero más importante aún, todos combaten la ansiedad del Puerto Rico actual con más implicación propia que cinismo; con más responsabilidad ciudadana que remedios individuales.




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