Eran 573 niños de la Segunda Unidad Rural de Padilla, en Corozal. Corría el año 1947. Aún en condiciones adversas, asistían a la escuela. Padecían sed por la falta de agua. No había crisis de agua. El agua no estaba en “crisis”. Sé que así se dice, pero puede que la manera de conceptualizar una situación contravenga su comprensión. De lo que se trataba era de que el sistema no estaba bien atendido, que no se habían tomado las medidas pertinentes, según le escribe Nicolás Rodríguez, de la Asociación de Padres y Maestros, a Sergio Cuevas Bustamante, entonces director de Acueductos y Alcantarillados, el 22 de abril. Las consecuencias afectaron el comedor escolar, los servicios sanitarios, las clases vocacionales y la salud de los niños, mermaron su atención y decayeron su estado de ánimo.

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