Eudaldo Báez Galib

Punto de vista

Por Eudaldo Báez Galib
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La gobernadora y el plebiscito


 Con el anuncio de que se legislará un plebiscito a celebrarse junto a la elección general, volvemos a la misma controversia: ¿Es un evento ideológicamente sincero o una estrategia electoral? La gobernadora, con su postura recién anunciada de que ya está bien de plebiscitos, da la impresión de que comparte el que es un anzuelo, y al necesitarse su firma para que el proyecto se convierta en ley, no ocurriría.

Ahora bien, siendo el estadoismo la razón de ser del Partido Nuevo Progresista cualquier elección donde se presente el tema, atrae a sus votantes. Se entiende que se sueñe con plebiscitos como gancho a la participación. También, que ante las graves dificultades sufridas por el PNP con su gobierno haya la tentación de activar ese recurso para incentivar a su electorado molesto. Unos votantes disgustados se abstienen, como le sucedió al PPD con Acevedo Vila por razón de sus casos penales. 

Pero, importante, los trucos politicastros tienen espacio solo en la juguetería partidista. No para abrir caminos a esta nacionalidad profundamente maltratada y angustiada. 

Por supuesto, los partidos Popular e Independentista también descansan, aunque en menor grado, en eso del estatus para atraer sus huestes. Pero, a diferencia del PNP, ambos partidos postulan proyectos de futuro desconectados del estatus, lo que les permite atraer votantes de otros sectores.

Sin embargo, el que la gobernadora asumiera esa postura, no garantiza que la ley no se apruebe finalmente. La experiencia nos demuestra que sus posiciones son algo maleables. Lo que se evidencia desde el no interesarle la gobernación a no conocer el almacén en Ponce, y entre esos, muchos etcéteras. 

Pero, favoreciéndola, una de las razones por la cual no apoya el plebiscito, ella levanta, correctamente, el importante aval del Departamento de Justicia federal para que el proceso tenga validez suficiente que garantice al resultado audiencia congresional. 

¿Habrá internalizado la gobernadora, además, que al presente nuestra reputación gubernamental rueda por lo profundo del llamado “pantano” washingtoniano? Nótese que es la única ocasión en tiempos modernos que el gobierno federal formalmente y abiertamente nos llama corruptos. A tal grado que cada centavo para ayuda pasará por un procónsul.

Añadamos, también, la falta de credibilidad en nuestras gestiones sobre estatus, con procesos legislados para inclinar la balanza (comprobado por ellos allá) y un plebiscito que se vendió con resultados falsos (comprobado allá), entonces, no vemos como puedan dar credibilidad a otro que se monta luego de dos huracanes con miles de fallecidos, un serio evento sísmico de gran destrucción, la quiebra total de las finanzas y seriedad del estado, de un gobernador depuesto por la fuerza moral de un pueblo y la intervención de la Junta sustituyendo una autonomía cancelada por el Congreso.

El plebiscito propuesto le gritaa ese Congreso: “¡anzuelo!”. Reforzado, como sería, por una elección, ya legislada, para presidente de Estados Unidos, judicialmente declarada inconstitucional hace tiempo (aquí y allá). 

Ah. ¡Y, gente, en qué momento tragicómico congresional!  


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