Joanne M. Rodríguez Veve
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La nueva versión del Código Civil no está del lado de la protección de la vida

La discusión pública relacionada con la aprobación del Código Civil ha girado en torno al texto consignado. Sin embargo, muy poco se ha hablado sobre lo que no dice por omisión. Es decir, sobre aquello que los legisladores decidieron eliminar voluntariamente. Veamos:

En el borrador anterior a la versión final aprobada por el Senado y la Cámara se incluían tres prohibiciones dirigidas a proteger la vida humana.

Primero, se prohibía la eutanasia; prohibición dirigida a proteger, particularmente, a muchas personas enfermas y ancianas en estado de vulnerabilidad.

Segundo, se eliminó la prohibición de las prácticas eugenésicas, las cuales permiten seleccionar artificialmente genes, el sexo y características físicas y raciales de una persona; para hacerla “a la medida”. Práctica que, además, implica desechar los embriones que no cumplen con esas características deseadas por su “creador”.

Tercero, se eliminó el lenguaje que prohibía la manipulación o alteración, con fines médicos, de las características genéticas de un ser humano en gestación, si al hacerlo se ponía en peligro su vida, su integridad corporal y su salud.

Estas tres prohibiciones dirigidas a proteger la vida humana fueron eliminadas como acto de magia. E increíblemente, sin cuestionamiento público alguno. Todavía no he escuchado una sola explicación para justificar esta desaparición.

Y así, mientras se eliminaron dichas protecciones, se incorporó un lenguaje inequívoco a favor de la preservación de la vida de los animales domésticos. Con esta puntualización, de ninguna manera sugiero que no se debió haber incluido dicho lenguaje en protección de la vida de estas creaturas, pues lo favorezco; sino que pretendo subrayar la cuestionabilidad de no haber incluido un lenguaje igualmente claro y contundente para proteger la vida de los seres humanos -desde el vientre hasta la muerte natural- de las prácticas anteriormente mencionadas.

En la política pocos actos son fortuitos, incluso podríamos decir que la mayoría son fríamente calculados. Por lo tanto, reconozco que me gustaría conocer las motivaciones de los legisladores responsables de eliminar las prohibiciones aquí mencionadas, dirigidas a proteger la vida de los seres humanos. Probablemente nunca obtenga la respuesta a esta pregunta, pero tampoco será necesario. Después de todo, siempre serán insuficientes las excusas cuando se elige no proteger la vida humana pudiendo haberlo hecho. 

Es sencillo. En esta ocasión, no estuvieron de lado de la protección de la vida.


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