Miguel A. Riestra

Punto de vista

Por Miguel A. Riestra
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La pelea de gallos: su significado

La dominación de Estados Unidos sobre Puerto Rico en sus comienzos bajo la Ley Foraker reflejaba lo que era una colonia clásica.  La colonia era explícita, sin tapujos ni condescendencia.  Los puertorriqueños lo entendían así y simplemente lo aceptaban o rechazaban sin ninguna consecuencia. 

Con la Ley 600, el Congreso de Estados Unidos y la creación del Estado Libre Asociado, la percepción de la colonia por parte de la mayoría de los puertorriqueños cambió.  Los Estados Unidos, en contubernio con sus aliados en las Naciones Unidas, aprobaron la Resolución 15-IVX-XV donde declaraban que Puerto Rico había resuelto su problema colonial.

Durante los primeros 30 años del Estado Libre Asociado, la colonia se perfumó y para la mayoría de los puertorriqueños la situación política de Puerto Rico no era un problema. La situación empezó a cambiar con la eliminación de la 936 que revocaba unilateralmente los beneficios que esta ley del Congreso le ofrecía al país.  Luego, de golpe y porrazo, vino Promesa.  Con Promesa, ley aprobada por el Congreso, firmada por el presidente Obama y cuya esencia fue ratificada por la Corte Suprema de ese país (Puerto Rico is a non incorporated territory that belongs, but is not part of the United States), la situación colonial se convirtió otra vez en explícita.  De hecho, esa ley que de facto elimina los poderes de nuestro gobierno, la rama legislativa, la ejecutiva y la judicial, ha logrado la concienciación de la gran mayoría de los puertorriqueños sobre nuestra situación colonial.

La colonia se despliega al desnudo.  Los Estados Unidos mandan, los puertorriqueños y su gobierno simplemente obedecen.  Sin embargo, con la ley que convierte las peleas de gallo en un acto ilegal, el mensaje es claro.  Los Estados Unidos no solo controlan nuestra economía y nuestra política, controlan también nuestra cultura.  De hecho, lo próximo podía ser volver a imponer el idioma inglés, no solo como vehículo vernáculo de enseñanza, sino como idioma oficial.

En conclusión, el estado colonial dejó de ser una realidad perfumada a una realidad de confrontación.  Y yo me pregunto, ¿qué hacemos los puertorriqueños que no nos rebelamos, aunque sea mediante una rebelión pacífica como la de Vieques?

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