Punto de vista

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La población invisible de la pandemia

El impacto social y económico provocado por la pandemia del COVID-19 ha alterado nuestra rutina y cómo recibimos los distintos servicios públicos y privados. Hace tres meses que nuestras vidas no son las mismas. Cada individuo se presta a idear mecanismos noveles de supervivencia, pero ¿qué hacemos con ese impacto en nuestra población correccional? 

De la población confinada poco se ha dicho en las conferencias de prensa y/o comunicaciones oficiales por parte del gobierno. Los confinados se encuentran en instituciones que tienen como misión proveer custodia y rehabilitación mediante servicios integrales, programas educativos, de fe, y programas de reinserción social. 

En medio de esta pandemia muchos de nuestros confinados han salido a la libre comunidad. No obstante, debemos recordar que las circunstancias que hoy vivimos pudiesen representar un gran reto en la reinserción social. 

Localizar una vivienda o un empleo cuando nuestra economía está parcialmente detenida podría desembocar en otros problemas colaterales. Muchos de los exconfinados se encuentran en las calles de Puerto Rico sin un techo seguro y con poca o ninguna posibilidad de generar ingresos. A eso debemos sumarle la necesidad de tratamiento de salud física y/o mental que podrían necesitar. 

Es vital para los procesos de rehabilitación y reinserción social identificar grupos de apoyo y servicios que faciliten las herramientas necesarias para regresar a la vida en comunidad. 

Esta pandemia ha significado un tropiezo en dichos procesos y es por ello que debemos aprender de esta experiencia a fortalecer y desarrollar nuevas estrategias y programas de servicios dirigidos a salvaguardar la rehabilitación de la población correccional que se presta a regresar a la vida en comunidad. 

Necesitamos crear programas que le permitan comenzar trámites relacionados a actualización de documentos, búsqueda de empleo, vivienda y demás servicios vitales que optimicen el retorno a la comunidad de las personas que han pasado tiempo institucionalizadas. Urge desarrollar protocolos y planes que involucren los procesos de salida de confinados en medio de emergencias similares, considerar las variables que pudiesen entorpecer el proceso de rehabilitación y reinserción que es trabajado con los técnicos socio-penales y diseñar alternativas que le provean las condiciones necesarias a los individuos que cumplen su sentencia en tiempos de emergencias de salud o fenómenos naturales. 

No debemos olvidarlos, no debemos invisibilizar sus necesidades y el deber que tiene el Departamento de Corrección y Rehabilitación de ofrecer una reinserción social adecuada y humanizada de cada individuo que sale del sistema correccional.