Jaime L.  García
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Lo que Fiona se llevó y lo que dejó

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Fiona es un nombre propio femenino de origen celta; significa “blanco, claro, inmaculado, limpio, puro”. El domingo llegó el huracán Fiona a la isla; un día tarde ya que redujo su velocidad. En otras palabras: ¡la lágrima está honda, prepárate!

En 1936 se desarrolló una película famosa en Estados Unidos -”Lo que el viento se llevó”- basada en la guerra de Secesión y Reconstrucción producto de la esclavitud de 1860. Igual a esta, Fiona se llevó mucho: la soberbia, idolatría, disputas entre puertorriqueños. Fue un jamaqueón, el mismo de hace dos años con el terremoto y cinco con el huracán más vil que ha pasado por la Isla.

Fiona nos da una lección más: seamos empáticos, comprometidos con el bien común, repensar la planificación y permisología, delegar recursos a municipios para llevar a cabo obra pública prioritaria, plantea Jaime L. García.
Fiona nos da una lección más: seamos empáticos, comprometidos con el bien común, repensar la planificación y permisología, delegar recursos a municipios para llevar a cabo obra pública prioritaria, plantea Jaime L. García. (Ramón “Tonito” Zayas)

¿Qué Fiona dejó? Fiona dejó valentía y compromiso comunitario de vecinos como los de San José -Cayey- de rescatar a unos en peligro de ahogarse; el descuido del DTOP de no construir un puente en Utuado; la furia de la lluvia enviada por Dios para escarmiento, estableciendo un récord de lluvia de 48 pulgadas en Cerrillos, Ponce; la entrada del mar en las 80 y Playa de Salinas y Ponce; el desborde del Río La Plata en Comerío y la entrega de los alcaldes, entre otros.

Fiona trajo intención del gobierno central y el municipal de remar juntos. Fiona demostró la valía y arrojo de los alcaldes, al ser los primeros respondedores ante desastres y necesidades de la gente. El ejemplo del alcalde Luis Javier de Villalba, abriendo caminos para sacar escombros; el desalojo de damnificados por Bertito en Toa Baja y Pedro en Hormigueros; el grito de desespero de Rolando de Cayey para salvar unos vecinos en inminente peligro. Estos son ejemplos de muchos. Y para colmo, ahora la Junta de Supervisión Fiscal le requiere a los municipios llenar formularios para accesar fondos de emergencia y que sea por reembolso, cuando la realidad es que hay municipios sin flujo de caja. Sorprendente y destemplado.

¿Qué se harían sin los alcaldes? Y todavía hay críticos que atisban eliminar municipios o consolidarlos. Pues no. Consolidar funciones y gestiones entre municipios sí. Es inconcebible imaginar que Bayamón se consolide con Comerío. Con Fiona, Ramón Luis tendría que darle atención a los de Guaraguao y a los de La Prieta de Josian o la 167; o que el doctor Irizarry de Ponce le dé atención a Cerrillos y Machuelo y a Mameyes y Sama de Georgie en Jayuya.

Fiona nos da una lección más: seamos empáticos, comprometidos con el bien común, repensar la planificación y permisología, delegar recursos a municipios para llevar a cabo obra pública prioritaria, que la burocracia arropa al gobierno central. Como dijeron muchos, “hay que seguir palante, la voluntad de Dios no se cuestiona”.

Hay alcaldes, legisladores, gobernadores, presidentes y monarcas buenos y malos. Como bien decía un profesor de Derecho: “Examinadlo todo y retened lo bueno”. En nuestras manos está. Cojamos el significado de Fiona: claro, puro e inmaculado.

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