Ángel A. Toledo López

Punto de vista

Por Ángel A. Toledo López
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Lo que ocurre en el Norte también es cosa nuestra

Hace poco más de un siglo terminábamos una guerra mundial y comenzábamos una pandemia que cobró la vida de 50 millones de personas en todo el mundo. Debido a los movimientos de miles de soldados a través del mundo, no sorprendió que el virus se propagara con facilidad. En Estados Unidos solamente, se registraron alrededor de 675,000 muertes a causa de esta pandemia. Para aquella época los adelantos en las ciencias eran escasos y, al igual que ahora, no se había desarrollado vacuna contra la enfermedad. 

Diez años después, cayó la bolsa de valores en Estados Unidos y el mundo entero atravesó la Gran Depresión atribuida, mayormente, a factores económicos. Difícil es concluir, sin embargo, que los estragos de la posguerra, unidos a una posterior pandemia que paralizó la economía mundial, no son parte de la cadena de eventos que detonó esta crisis económica que marcó claras diferencias entre clases sociales y ahondó la crisis social y de derechos civiles. 

Recordemos que, para esa fecha, continuaban las luchas contra la segregación racial a pesar de que en 1865 la Enmienda 13 de la Constitución de Estados Unidos había abolido la esclavitud en la nación. Sorprende que todavía en los 1950 y hasta mediados de los 1960 se levantaban luchas por los derechos civiles de ciudadanos americanos. Eso se entendía resuelto 100 años antes.

Esta cadena de eventos se dio dentro de un espacio temporal de aproximadamente 40 años y en un contexto sociopolítico distinto. Considere ahora que en menos de cuatro años Estados Unidos ha vivido una amenaza de guerra en enero, una pandemia mal trabajada que ha costado cerca de 111 mil vidas hasta la fecha, una crisis económica marcada por una tasa de desempleo que superó el 14% en febrero y una crisis social profunda que refleja lo poco que hemos adelantado en temas de igualdad social y racial. 

Cien años después de finalizar aquella guerra e iniciar la pandemia, 155 después de abolirse la esclavitud, 90 después de la Gran Depresión y 60 después de las luchas por derechos civiles que condujeron a la aprobación de la Ley de Derechos Civiles de 1964 seguimos viviendo lo mismo, solo que aquello tomó cientos de años y esto pasó en cuatro.

El entorno en el que vivimos hoy día es volátil. Tan es así que, muy recientemente, el senador y excandidato presidencial por el Partido Republicano, Mitt Romney y el expresidente republicano, George W. Bush, han informado abiertamente que no apoyarán al presidente Trump en su candidatura a la reelección, mientras que el general de cuatro estrellas y exsecretario de Estado bajo la presidencia del republicano Bush, Colin Powell, notificó que votará por Joe Biden, el candidato demócrata. 

En ocasiones pensamos que estar geográficamente separados de Estados Unidos continentales nos exime tanto de estos acontecimientos como de sus efectos. Incluso, algunos en Puerto Rico buscan distanciarse alegando que aquello que ocurre en el Norte es cosa “de ellos” y no “de nosotros”. Es tan de nosotros que recientemente escuché a un puertorriqueño decir que estábamos (incluidos “nosotros”) matando diez por protestar la muerte de “uno solo”. Y se me erizó la piel… no porque por fin nos hacemos parte de todo lo que nos afecta, sino porque aún no hemos reconocido todo lo que nos trajo hasta aquí.