Rafael Cox Alomar
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¿Michael Bloomberg?

Eran muchos y parió la abuela. 

¿Y qué pasó?

Que Michael Bloomberg regresó al ruedo político, esta vez en búsqueda de la nominación demócrata a la presidencia de los Estados Unidos.

¿Pero Bloomberg no fue alcalde de la Ciudad de Nueva York en tres ocasiones por el Partido Republicano? ¿Qué hace ahora buscando la candidatura presidencial del Partido Demócrata?

Cosas veredes (como se le atribuye al Quijote haberle dicho alguna vez a Sancho). Tal parece que Bloomberg ha tenido un cambio de parecer. Ya en octubre de 2018 se había afiliado al Partido Demócrata.

¿Y por qué Bloomberg decidió aparecer ahora tan tarde en el juego? 

Porque percibe que ninguno de los candidatos que hay le gana a Donald Trump; que ninguno va a poder hacerle frente al momentum que la candidatura del presidente va a coger de salir victorioso del proceso de residenciamiento en el Congreso. 

¿Y tiene razón?   

Parecería que sí. Con un Biden falto de energía, desgastado física e intelectualmente, (y que carga además con los pecados de su hijo Hunter); y unos Bernie Sanders y Elizabeth Warren atados a un ideario socialdemócrata que, lejos de atraer, asusta al elector americano promedio, Trump aparenta tener su reelección garantizada. Ahí el cálculo de Bloomberg.

¿Pero qué trae Bloomberg a la mesa más allá de su fortuna de $52 mil millones de dólares?

Madurez, experiencia, sagacidad y, ante todo, pragmatismo. 

Bloomberg, a diferencia de Trump, no es ningún advenedizo. Conoce de primera mano el proceso político; junto a Fiorello La Guardia y Ed Koch, ha sido el alcalde que por más tiempo ha dirigido la Ciudad de Nueva York (2002-2013). Su prestigio como empresario y filántropo, muy distinto a Trump, es reconocido internacionalmente. Contrario a Trump, su trayectoria está ahí a la vista de todos. A fuerza de inteligencia y buen olfato, transicionó de la banca de inversión a la conformación en 1981 de su propia empresa Bloomberg L.P., que en poco tiempo se convirtió en una de las empresas más reputadas de inteligencia empresarial a nivel global. 

¿Pero cuál es su récord y cuáles son sus ideas? ¿Coinciden con el sentir de la base del Partido Demócrata? 

Ahí el desafío para Bloomberg. 

Por un lado, es un ferviente defensor del derecho a la intimidad de la mujer según configurado en Roe v. Wade; se opone a las deportaciones en masa de inmigrantes ilegales; es un declarado defensor del ambiente; propone controles para el uso de armas de fuego; a la vez que respalda el envolvimiento del gobierno en el manejo de la educación y la salud. No obstante, su política anticrimen levantó una marejada de críticas en Nueva York e inclusive llevó al Supremo federal a declarar inconstitucional su política de “stop-and-frisk.”  

¿Y en política extranjera dónde está parado?   

Aquí también la candidatura de Bloomberg va a suscitar mucho debate a lo interno del Partido Demócrata. 

Bloomberg no solo apoyó al ex presidente Bush en su invasión de Iraq, sino que además guarda estrechas relaciones con el controversial primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y con el enigmático príncipe saudí Mohammed bin Salman (imputado en el vil asesinato del periodista Jamal Khashoggi y a quien Bloomberg sirvió de anfitrión en Nueva York en 2018). Y sus posturas con respecto a China, Rusia, Irán, Siria, Ucrania, Yemén, Venezuela (entre otros lugares calientes) continúan siendo francamente un misterio --- aunque históricamente Bloomberg ha sido particularmente deferente con Beijín.

¿Y su dinero lo descalifica como abiertamente sugiere Elizabeth Warren?

Ciertamente no. El problema con Bloomberg no es su dinero. 

Después de todo John Kerry tenía una fortuna de $200 millones cuando accedió a la nominación en 2004; y el presidente Kennedy en 1960 estaba encaminado a heredar la fortuna de su padre de $2 mil millones de dólares.

El problema con Bloomberg es su ausencia de carisma y su aparente desconexión con las duras realidades que vive el pueblo trabajador más allá de los rascacielos de Nueva York.   

Ya el tiempo dirá.



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