Alfredo Martínez Cruz

Punto de vista

Por Alfredo Martínez Cruz
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¿Reímos o lloramos? La risa ante la crisis social

Ante las circunstancias que abruman a Puerto Rico, la solución como pueblo es seguir riendo para no llorar. Sí, reír a carcajadas. La razón es que la risa genera anticuerpos que fortalecen nuestro sistema inmunológico. En otras palabras, es nuestra medicina diaria para calmar el dolor, proveniente de muchos sectores. Recordemos el verano del 2019, el cual provocó la dimisión de Ricardo Rosselló al cargo de gobernador de Puerto Rico. Hace un año, las redes sociales se desbordaron de expresiones, muchas de tono jocoso, para manifestar algún malestar por la publicación del famoso chat de la desdicha.

Muchas de las manifestaciones difundidas tenían el propósito de buscarle el lado gracioso a una situación seria. Por esta razón, numerosos filósofos han estudiado los conceptos de la risa y el llanto. En su obra Filosofía de la risa y del llanto (1975), Alfred Stern estableció lo siguiente: “Mediante nuestra risa buscamos devaluar todo lo doloroso y lo serio que se interponía entre nuestra aspiración a un valor positivo determinado y su realización, a fin de experimentar en toda su intensidad el valor positivo que acabamos de alcanzar”. En muchos casos, la risa se valora de forma positiva, aunque sea para un juicio negativo. Mientras que el llanto se aprecia de manera negativa, aunque sea para expresar un juicio positivo.

La risa es la manera involuntaria de emitir un juicio de valor negativo concerniente a una degradación de valores. Verbigracia, lo ocurrido en el verano 2019 en Puerto Rico tuvo de protagonista al pueblo, el cual reclamó, a viva voz, la renuncia del primer mandatario del país. Antes de los eventos que suscitaron la dimisión, era apreciado -el gobierno- como un ideal, con altos valores sociales y morales. No obstante, esta imagen quedó derrumbada. A su vez, la falsedad del líder y los partícipes del famoso chat fue expuesta. De esta manera, el gobierno perdió su validez en su ideal.

El que degrade los valores universales válidos cae en lo ridículo. Según Stern, los partidos políticos se sirven de la risa para degradar los sistemas de valores de los partidos en competencia, y los individuos se sirven de la risa para degradar los sistemas de valores de los individuos en competencia. La sociedad interviene con la risa para tratar de degradar los valores individuales de un individuo, por ejemplo, un político. Esto lo obliga a adaptarse a los valores estipulados por la sociedad.

En fin, el humor se presenta como recurso indispensable para parodiar la problemática social. Las publicaciones de tono jocoso, junto a la ironía, tienen la ambición de trasformación y, en muchas ocasiones, se convierten en un emblema de lucha y libertad. El elemento humorístico en nuestra sociedad sirve para despojar los términos de la seriedad y transferirlos al plano familiar. Ciertamente, es una de las armas más poderosas de un grupo, para salvaguardar los valores establecidos en la sociedad. Lo que significa que se ríe más con situaciones que no favorecemos. De este modo, se desenmascara lo serio del problema y se atacan los valores de ese elemento. Así que mejor seguir con las risas, para alejarnos de la amargura. La decisión es nuestra.