Bianca Valdés Fernández

Punto de vista

Por Bianca Valdés Fernández
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Saquemos la política de la salud pública

Esta semana hemos visto nuevamente el problema perenne del gobierno de Puerto Rico: que siempre es reactivo y nunca proactivo ante las emergencias. Lo vimos con el huracán María en el 2017, con los terremotos a principios de este año y ahora lo estamos viviendo con el coronavirus o COVID-19. La llegada del coronavirus a Puerto Rico es inminente, por no decir que ya debemos tener cientos de casos que no han sido confirmados.  

El gobierno ha actuado como si no conociera cómo se transmite un virus. O como si el país no tuviese expertos en salud pública. O como si estuvieran enajenados de lo que está pasando alrededor del mundo. 

Más allá de las deficiencias inmediatas, la respuesta al coronavirus ha expuesto vulnerabilidades severas que nos deben preocupar a largo plazo. 

Primero, la respuesta al coronavirus ha demostrado nuevamente la falta de compromiso de la actual administración con la transparencia. El gobierno ha fracasado en comunicar la información eficazmente, creando pánico y confusión en la población. La comunicación constante, pero sobre todo informada por la ciencia y confiable durante una emergencia, es crucial para que la población pueda tomar las medidas correctas para mitigar la transmisión de la enfermedad. 

Segundo, la respuesta al coronavirus ha revelado—de nuevo—que las instituciones públicas carecen de protocolos claros a seguirse para prevenir, manejar y mitigar emergencias. El personal de salud a nivel de gobierno ha carecido de adiestramientos y recursos preventivos para el manejo de enfermedades infecciosas con potencial de causar una epidemia. Ha sido recientemente, ante la inminencia de que se confirme un caso de coronavirus, que el Departamento de Salud ha comenzado a adiestrar al personal y activar o crear sus protocolos de acción. 

Tercero, la respuesta al coronavirus ha puesto en relieve la necesidad imperativa de que los que se encarguen de manejar este tipo de situaciones sean expertos y profesionales de la salud cuya prioridad sean la toma de decisiones guiadas por la evidencia y la transparencia y no agendas políticas. Como dicen por ahí, “zapatero a su zapato”.

De todo esto se desprende la necesidad de que Puerto Rico tenga un ente independiente, no partidista, que se encargue de informar y asesorar sobre las mejores medidas para prevenir y mitigar el contagio de cualquier enfermedad infecciosa u otra emergencia de salud pública. Un buen primer paso para crear este ente permanente e independiente sería integrar a los esfuerzos de prevención y mitigación al Fideicomiso de Salud Pública de Puerto Rico. Otro paso importante sería que el gobierno estableciera canales de comunicación con la comunidad científica y universitaria puertorriqueña. Nuestro país tiene expertos para asesorar en todos los aspectos de una crisis como esta.

Es hora de ver en conferencias de prensa y en la toma de decisiones a nivel gubernamental a personas expertas, que sean capaces de brindar información confiable y no sigamos escuchando que “no tenemos por qué preocuparnos, aquí no llegan vuelos directos de China”. No podemos esperar a que la próxima epidemia nueva nos toque a la puerta para comenzar a desarrollar políticas públicas y protocolos de manejo y mitigación. Tampoco podemos continuar con “liderato” que una y otra vez priorice su imagen e intereses políticos ante el bien del país. Ya los puertorriqueños sabemos que no hay nada más letal que combinar la política partidista con una emergencia.





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