Eudaldo Báez Galib

Punto de vista

Por Eudaldo Báez Galib
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¿Somos una raza pura y rebelde?

Escuchar “somos una raza pura y rebelde” por Lucecita Benítez, igual que “Verde luz” de Antonio Caván (el Topo) o “un pueblo que ríe” por Danny Rivera, nos emociona a todos, independientemente de nuestras visiones de pueblo. Pues son expresiones icónicas que apelan al subconsciente boricuista. 

Encapsulan terruño y gente. Vencen la insensibilidad política, clasista y racial, trascendiendo discrímenes. Son ya cantares tan idiosincráticos como “Tierruca” de Dávila y “Dueño”, o “Preciosa” y “Lamento Borincano” de Rafael Hernández. 

Y es que abrazan una nacionalidad sin nación. Es la expresión bonita del alma colectiva de unos seres llamados “puertorriqueños”. ¿Susurros a la conciencia?

Sin embargo, generan dudas ante la realidad. Cómo, entonces, compaginar que “somos una raza pura y rebelde” con lo que nuestros sentidos perciben a diario y la historia nos dicta. Evidente choque entre lo bonito y lo feo. Además, si somos una raza pura, qué de nuestro mestizaje. Y si somos rebeldes, qué de nuestra letárgica apatía; ese vivir “en babia”. 

No pongamos fin a esta confusión alegando el palesiano “Puerto Rico burundanga”. Porque al filo de unas incoherentes elecciones a celebrarse en el momento más cruel de nuestra historia, cuando la represa de emociones está a punto de estallar ante muertes, virus, hambre, desempleo, corrupción y encerramiento, entonces sí es imprescindible que desenmarañemos algo de eso de pureza y rebeldía.

Por siglos las autoridades de afuera moldean nuestra vida cívica como arcilla sin cocinar. Caminamos cual rebaño ovejuno sin necesidad de pastoreo pues nuestro diseño genético, desde que nos inauguramos como “insulares” o “isleños”, nos dicta cómo, a dónde y en qué forma andaremos. 

Eso no es ser rebelde.

Como tampoco lo es—dándole sabor de ahora al asunto—mirar desentendidos a la lejanía, silbando al aire, para permitir un burdo desvalijo de nuestra hacienda; que nos atraganten leyes y reglamentaciones a la sombra de esta crisis, aprovechándola efectivamente. Y aunque de vez en cuando ocurre un “grito”, como Vieques o el Veranazo, las estrellas tienen que estar alineadas, no ocurre por combustión espontánea. ¡Y hay tanto cansancio!

Así que la pureza y rebeldía del poema cantado se refiere, interpreto, no a la acción social del puertorriqueño defendiendo a todo pulmón sus derechos ciudadanos y su propia naturaleza, sino el triunfo de su cultura ante la poderosa anglo, impuesta a la fuerza en escuelas, favorecida por nuestro empresarismo y atragantada con un “Guaynabo City” o “San Juan City Police”. Ahí sí hay pureza y rebeldía. Nata, precisa, real, distinguible. 

No es repudio a Estados Unidos. Lo jibaro y lo yanqui (en su acepción sociológica, no la despectiva) pueden abrazarse y aliarse. Lo que no pueden es confundirse entre sí. Pues una cosa es la ciudadanía y elrespeto que ella merece y otra el “yanquismo” entreguista o, el más común, el de conveniencia. ¡Ahí, pureza y rebeldía!  

En fin, no hay conflicto entre lo bonito cultural de “raza pura y rebelde” y lo feo social de cada día. Coexisten. Pero urge que lo primero arrope a lo segundo antes que lo segundo se trague irremediable e irremisiblemente lo primero. Porque cuán vergonzoso es legarle a los que vienen este hoy tan repugnante.


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