Carlos E. Díaz Olivo
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Vuelve el colonialista de closet

En una columna previa examinamos las posturas de aparente solidaridad hacia Puerto Rico del congresista Raúl Grijalva, las cuales esconden una modalidad peligrosa de colonialismo. Se trata del colonialista de armario o de closet. Una persona que, a pesar de su liberalidad aparente, cuando llega el momento de la acción definitiva, no se ocupa de eliminar la estructura colonial que fundamenta la desigualdad y la subordinación y, por el contrario, la entroniza.

El nuevo episodio de las aventuras coloniales de Grijalva se suscita con la presentación de un proyecto para enmendar la legislación Promesa. Su proyecto se fundamenta y reitera la concepción de Puerto Rico como una propiedad de los Estados Unidos, sujeto a la voluntad absoluta del Congreso. Esta podrá ser la realidad jurídica, pero no por ello deja de ser ofensiva y contra natura. Ningún pueblo le pertenece ni es propiedad de otro, y bajo ningún concepto los puertorriqueños podemos dar por buena ni aceptar esa afirmación.

La razón de Promesa fue atender la quiebra del gobierno de Puerto Rico y el incumplimiento de sus obligaciones. Grijalva pudo haber mostrado un mínimo de respeto a los puertorriqueños al eliminar de la ley la referencia a la Cláusula Territorial e invocar como fundamento exclusivo para Promesa el poder del Congreso de establecer leyes sobre quiebras. De esta manera se atendía responsablemente el problema de fondo entre un deudor insolvente y sus acreedores y, se echaba a un lado la arrogante ostentación de un imperio imponiendo un supra-gobierno a su colonia.

Con estas enmiendas, se extiende la federalización sobre injerencias de gobierno propio que aún estaban en manos de los puertorriqueños. Grijalva amplía los poderes a la Junta de Supervisión Fiscal para que, sin ningún grado de participación por parte de la legislatura local, se asigne directamente el presupuesto que desee.

Así también, la fijación de lo que es o no es prioridad para Puerto Rico se federaliza. Grijalva se ha arrogado para sí la potestad de decidir por nosotros cuáles son nuestros asuntos y servicios esenciales. Para algunos podrá parecer bueno que se diga que la salud, la educación y la Universidad son importantes y esenciales. Pero ese gesto de aparente ayuda es otro acto de soberbia colonial y de menosprecio a nuestra capacidad. Lo que es esencial e importante para los puertorriqueños lo debemos definir los puertorriqueños, no Grijalva, el Congreso o Donald Trump por imposición. Nuestros funcionarios públicos habrán fallado en no darle la atención debida a asuntos que son fundamentales para el pueblo, pero le corresponde a ese pueblo hacer los ajustes para colocar a personas serias a cargo de los asuntos gubernamentales y definir de manera más acertada las prioridades públicas. Nuestra capacidad de discernimiento y de poder hacer las cosas por nosotros mismos no se puede claudicar ni tampoco aceptar que Grijalva o el Congreso están más capacitados que nosotros paradisponer de esos asuntos. Mucho menos que ahora haga falta una enmienda a una ley federal para identificar nuevos asuntos esenciales y alterar los previos.

El proyecto de Grijalva crea congresionalmente una nueva agencia del gobierno local, supuestamente para auditar la deuda, pero sin ningún poder real con respecto a sus hallazgos. Además, prohíbe que un puertorriqueño pueda llegar a ser miembro de la Junta de Supervisión Fiscal, si en algún momento sirvió en alguna capacidad oficial en el gobierno de Puerto Rico, sus municipios o corporaciones. Esta prohibición priva a la Junta y a Puerto Rico del insumo de personas serias que cuentan con conocimiento propio de las complejidades de la administración pública local. Peor aún, el proyecto coloca la totalidad de la Junta en manos de personas provenientes exclusivamente del sector privado. Esto plantea el riesgo de que el manejo de nuestros asuntos quede totalmente en mentes desconectadas de nuestro servicio público y de la inmensa mayoría de los puertorriqueños.

Para concluir con los desvaríos de Grijalva, este reconoce que su proyecto no será considerado este año. Pero confía en que, si los demócratas ganan, su proyecto sirva de plan para atender la situación de Puerto Rico. Sería una desgracia poder al fin salir de Trump, para que entonces venga otro colonialista -pero de closet– y en vez de hacer posible que nos liberemos de la colonia, se empeñe en afianzar esta ignominia.


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