


En espacios de conversación académicos, profesionales y cotidianos he notado una tendencia creciente a rechazar etiquetas. Algunas personas prefieren no identificarse como hispanas, afrodescendientes, cisgénero, heterosexuales, homosexuales u otras categorías que históricamente nombran la diversidad humana. Un argumento para tales circunstancias suele ser que aspiramos a un mundo donde nadie tenga que etiquetarse para ser reconocido y respetado. Aunque la aspiración es válida, también debemos reconocer el contexto en el que vivimos.

Te invitamos a descargar cualquiera de estos navegadores para ver nuestras noticias: