



El cáncer de cabeza y cuello comprende un grupo de tumores malignos que se desarrollan en áreas como la cavidad oral, la garganta, la laringe, los senos paranasales y las glándulas salivales.
Aunque no siempre recibe la misma atención mediática que otros tipos de cáncer, su impacto en la calidad de vida puede ser profundo, ya que afecta funciones esenciales como hablar, respirar y la capacidad de alimentarse.
En Puerto Rico, especialistas han alertado sobre la importancia de reconocer sus signos iniciales, ya que una detección temprana puede aumentar significativamente los índices de supervivencia.
Para el cirujano oncólogo Yamil Castillo, uno de los principales retos asociados con este tipo de cáncer es que sus síntomas iniciales pueden confundirse con afecciones comunes, como infecciones respiratorias o irritaciones pasajeras.
Entre las señales tempranas más frecuentes se encuentran el dolor de garganta persistente, la dificultad o dolor al tragar, cambios en la voz o llagas en la boca que no cicatrizan, manchas en la encía y la presencia de bultos en el cuello.
El galeno destacó la importancia de prestar atención a los cambios funcionales del cuerpo como señales de alerta temprana, pues “muchos diagnósticos se realizan cuando el paciente presenta dificultades en funciones básicas y llegamos al diagnóstico porque hubo un error en el sistema al hablar, tragar o respirar”.
Esta observación, subrayó, resalta la necesidad de evitar normalizar las alteraciones persistentes en estos procesos cotidianos, ya que podrían ser indicios de una patología más seria.
Otro síntoma que suele pasarse por alto es el dolor de oído sin una causa aparente.
Aunque puede parecer desconectado, en algunos casos este dolor está relacionado con tumores en la garganta o estructuras cercanas, debido a la compleja red de nervios en la zona.
Asimismo, la pérdida de peso inexplicable y la fatiga constante también pueden ser señales sistémicas que acompañan el desarrollo de la enfermedad.
El Centro Comprensivo de Cáncer de la Universidad de Puerto Rico ha documentado un número significativo de casos en los últimos años, lo que refuerza la necesidad de campañas educativas dirigidas a la población.
Estas iniciativas buscan fomentar la prevención y promover las visitas regulares al médico, especialmente en personas entre los grupos con factores de riesgo elevados como los consumidores de tabaco y alcohol, cuya combinación incrementa considerablemente la probabilidad de desarrollar estos tumores.
Castillo insistió en la importancia de no ignorar las lesiones persistentes en la boca o garganta, pues muchas de estas enfermedades podrían detectarse en etapas tempranas mediante exámenes rutinarios, lo que permitiría tratamientos menos invasivos y con mejores resultados.
“No se deben ignorar lesiones que no sanan o molestias que persisten”, advirtió, resaltando el papel activo que debe asumir el paciente en el cuidado de su salud.
La detección temprana no solo mejora las tasas de supervivencia, sino que también puede reducir la necesidad de tratamientos agresivos como cirugías extensas, radioterapia intensiva o quimioterapia.
En muchos casos, cuando el cáncer se identifica en etapas iniciales, las intervenciones pueden ser más conservadoras, preservando funciones esenciales y reduciendo el impacto en la calidad de vida del paciente.
Los expertos recomiendan prestar atención a cualquier cambio inusual en la cavidad oral, especialmente entre personas mayores de 40 años o con historial de consumo de tabaco o alcohol.
Las revisiones periódicas con dentistas y médicos generales pueden ser una herramienta eficaz para detectar anomalías antes de que progresen.
La educación en salud juega un papel fundamental en este proceso, ya que permite a la población reconocer los síntomas y actuar con rapidez.
El cáncer de cabeza y cuello representa un desafío significativo para la salud pública, pero también una oportunidad clara para la prevención y detección temprana.
Escuchar al cuerpo, no minimizar los síntomas persistentes y buscar atención médica oportuna son acciones clave que pueden marcar la diferencia. Pues, como afirmó Castillo, la información y la vigilancia son las mejores herramientas para combatir esta enfermedad de manera efectiva.
La autora es periodista colaboradora de Puerto Rico Saludable.

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