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Confía en la naturaleza para obtener ricas fuentes de vitamina C.
Confía en la naturaleza para obtener ricas fuentes de vitamina C. (Shutterstock)

Nuestro sistema inmunitario está en aprietos. Y, según nos acercamos al invierno, aunque en Puerto Rico no caiga nieve, hay que prepararse para la tormenta perfecta: una posible segunda ola de coronavirus —que hasta ahora no tiene cura y es altamente mutante— más la temporada alta de influenza. Ya se ha dicho que una persona puede enfermarse de las dos cosas a la vez y ambos virus atacan al sistema respiratorio. Así que conviene hacer todo lo que esté a nuestro alcance para mejorar la inmunidad.

¿Por qué se anticipa un alza en los contagios con COVID-19 en otoño e invierno? Según dijo en una entrevista con CBS Evening News a mediados de octubre de este año, el doctor Anthony Fauci, inmunólogo y director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, los virus viajan de manera distinta con diferentes temperaturas y niveles de humedad. En el calor del verano, las partículas microscópicas que salen de la boca no viajan tan fácilmente como en el aire seco del invierno. Además, cuando el clima enfría, la gente pasa más tiempo en espacios cerrados, donde el virus se propaga cómodamente. Incluso, en la época navideña, algunos pudieran verse tentados a viajar para visitar familiares, aunque esas reuniones pueden convertirse en focos de contagio mortal. Suma que ya entramos en la temporada típica de gripes y resfriados, y aunque muchos estamos protegidos por anticuerpos contra los virus circulantes, como el coronavirus es una enfermedad nueva, la mayoría de la gente todavía no tiene los anticuerpos para defenderse. Ahí radica el peligro.

Además, inicialmente, los síntomas del coronavirus y la influenza son similares, lo cual pudiera dificultar la detección temprana. Lo que saca de dudas es la prueba de laboratorio, pero estos ya están copados con las pruebas de COVID-19. La influenza también manda a la gente al hospital y algunos ya tienen problemas con la demanda de camas. Por consiguiente, la temporada puede imponer una carga adicional al sistema de salud.

Por eso, lavarte las manos frecuentemente, usar cubrebocas, el distanciamiento físico y quedarte en casa lo más posible siguen siendo los mejores aliados para la buena salud. Ojo, tanto la influenza como el coronavirus se contagian por el contacto cercano, así que tienes el poder para contribuir a aplanar esa curva de contagios. Pero, ¿qué más puedes hacer?

Desde vitamina C hasta ejercicio

Cuando sientes venir un resfriado, casi siempre piensas en consumir chinas y frutas con alto contenido de vitamina C. Y estás en lo cierto: parece que quienes consumen regularmente vitamina C no se enferman tan severamente, ni por tanto tiempo. Por eso, que no falten en tu dieta los cítricos, como naranjas y toronjas, papaya, mangó, kiwi, fresas, melón cantaloupe, hortalizas de hoja verde, tomates y pimientos rojos y verdes. Se dice que el 80 % del sistema inmune está en el intestino, así que si está sano, puede combatir enfermedades. ¡Vigila lo que comes!

Para el investigador del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, Michael González, aunque la vitamina C es hidrosoluble (que se disuelve en agua, por lo que entra y lo que no se necesita sale del cuerpo), produce efectos fisiológicos que pueden optimizar el sistema inmunológico, especialmente al luchar contra el coronavirus. “Como es una vitamina, tienden a no visualizar su potencial farmacológico, pero cuando está en la sangre en dosis altas, directamente con el virus, puede interferir con esa tormenta de citoquinas y radicales libres”.

“La vitamina C intravenosa en dosis altas puede alterar el virus en términos de cómo invade y se reproduce en el cuerpo”, prosiguió González. “Interviene con la cápsida o capa del virus. Interviene con las espinas —se llama coronavirus porque tiene espinas— pero, si disminuyes las espinas, las posibilidades de que se pegue al receptor son menos. Además, la vitamina C puede aumentar la agresividad de los glóbulos blancos y las proteínas antivirales, como el interferón”.

González cree que la vitamina C debe figurar como primera opción en la prevención del coronavirus (1,000 miligramos tres veces al día), en la persona sospechosa de tenerlo, en el tratamiento de la persona positiva e incluso, por su versatilidad (y sus once mecanismos antivirales), en el tratamiento de las personas complicadas, en combinación con otros fármacos. Además, recomienda seguir una alimentación similar a la de la dieta paleo con muchos vegetales, proteínas, hidratación (dos litros de agua al día), y ejercicio tres veces por semana, “para que esa sangre circule por el cuerpo y reparta nutrientes”.

González dijo que, a consecuencia del confinamiento o el estrés que les provoca pasar más tiempo sin salir, muchas personas han subido de peso, por lo que se hace todavía más importante aumentar el ritmo cardíaco y evitar las comidas de alto contenido calórico, los procesados y los alimentos fritos, que contribuyen a la inflamación. “Cuando aumentas el estrés y los radicales libres, necesitas más vitamina C. Por otro lado, demasiado estrés suprime la inmunidad” y dispara los niveles de cortisol en el cuerpo, lo que puede atacar los glóbulos blancos y hacernos incapaces de combatir enfermedades.

Las embarazadas, las madres lactantes, los que se están recuperando de una cirugía, los fumadores y las víctimas de quemaduras también necesitan vitamina C, que es una molécula de ácido ascórbico. Sin embargo, a los pacientes con enfermedades renales no se les recomienda tomar suplementos de vitamina C.

Una ingesta diaria de vitaminas como estrategia proactiva para fortalecer el sistema inmune en este tiempo, según González —aparte de la vitamina C— debe incluir 10,000 unidades de vitamina D al día, (su deficiencia está asociada al incremento de infecciones en el tracto superior) y 30 miligramos de zinc.

Asimismo, destaca los beneficios de hierbas como la equinacia, elderberry, ashwagandha (para reducir el estrés y dormir bien, ya que durante el sueño es que el cuerpo se repara a sí mismo y produce células T para combatir infecciones), licorice (o regaliz), y especias como la cúrcuma y el jengibre.

Vacúnate

Ahora, más que nunca, las vacunas serán la mejor arma. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), aunque vacunarse contra la influenza no protege del COVID-19, sí reporta beneficios.

Primero, se ha demostrado que las vacunas contra la influenza reducen el riesgo de influenza, hospitalización y muerte a causa de esta enfermedad. Y, segundo, vacunarse contra la influenza permite preservar los recursos de atención médica para atender a pacientes con coronavirus.

La vacunación contra la influenza puede reducir el riesgo de hospitalización asociada a la influenza para niños, adultos en edad de trabajar y adultos mayores.

También es una herramienta de prevención importante para las personas con afecciones de salud crónicas, reduce la gravedad de la enfermedad en personas que se vacunaron, pero aún pueden enfermarse, y protege a quienes te rodean, de acuerdo con los CDC.

Para la temporada de influenza 2020-2021, el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP), recomienda que todas las personas de 6 meses en adelante se vacunen anualmente contra la influenza con cualquier vacuna contra la influenza aprobada de acuerdo con su edad y estado de salud, tales como la vacuna contra la influenza inactivada (IIV), la vacuna recombinante (RIV) o la vacuna en atomizador nasal con virus vivos atenuados (LAIV 4), sin preferencia expresa por ninguna.

Seguir estas recomendaciones es particularmente importante para quienes pertenecen a grupos de alto riesgo de sufrir complicaciones por la influenza (lo mismo que COVID-19).

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