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Cuando el intestino habla

La microbiota intestinal influye en mucho más que el sistema digestivo

22 de septiembre de 2026 - 5:33 PM

La recomendación es consumir una amplia variedad de alimentos de origen vegetal durante la semana, incluyendo frutas, vegetales, legumbres, hortalizas, granos enteros, nueces y semillas. (Shutterstock)

Durante años se pensó que el intestino era simplemente el lugar donde terminaba la digestión. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que allí habita un complejo ecosistema de microorganismos que cumple funciones esenciales para el organismo y cuya alteración puede manifestarse mucho más allá del sistema digestivo.

La microbiota intestinal está compuesta por billones de bacterias, virus, hongos y arqueas que conviven de forma natural en nuestro cuerpo. Lejos de ser perjudiciales, estos microorganismos trabajan en estrecha colaboración con el organismo. De hecho, la World Gastroenterology Organisation destaca que la alimentación y la microbiota mantienen una relación estrecha, con efectos que alcanzan el metabolismo, el sistema inmunológico y la salud intestinal.

“La microbiota funciona prácticamente como un órgano adicional que trabaja en perfecta sincronía con nuestro cuerpo”, explicó la doctora Leslie Vega, médica de atención primaria de Reborn: Restorative Health Clinic.

Su importancia es amplia. Además de ayudar a digerir alimentos que el organismo no puede procesar por sí solo, participa en la producción de vitaminas esenciales, como la B12 y la K, contribuye al entrenamiento del sistema inmunológico para distinguir microorganismos beneficiosos de aquellos que representan un riesgo y produce compuestos químicos que influyen en el metabolismo y el bienestar emocional.

Cuando la microbiota pierde su equilibrio —un fenómeno conocido como disbiosis— suelen aparecer síntomas digestivos relativamente conocidos.

“Las señales más evidentes y conocidas ocurren directamente en el abdomen”, señaló Vega. Entre ellas, mencionó los gases constantes, la sensación de pesadez después de comer, la distensión abdominal y cambios en el patrón de evacuaciones, alternando entre estreñimiento y diarrea sin una causa aparente.

Pero el intestino también puede enviar señales menos evidentes que muchas personas difícilmente relacionan con su salud digestiva.

La especialista explicó que la dificultad para concentrarse, la sensación persistente de fatiga mental, los antojos frecuentes de azúcar o carbohidratos refinados, algunos brotes de acné, la resequedad extrema, el eccema o despertarse sin energía pese a haber dormido suficientes horas pueden estar asociados a una microbiota alterada.

“Muchas veces las personas no hacen esa conexión porque piensan que el intestino solo influye en la digestión”, comentó.

La explicación está en que el intestino mantiene una comunicación constante con distintos órganos y sistemas.

Vega destacó que entre el 70 % y el 80 % de las células del sistema inmunológico se encuentran en el intestino. Cuando la microbiota está desequilibrada, esa comunicación puede alterarse y favorecer una respuesta inmune inadecuada, ya sea debilitando las defensas frente a infecciones o promoviendo procesos inflamatorios persistentes.

También existe una estrecha relación entre el intestino y el cerebro.

“Existe una conexión directa llamada el eje intestino-cerebro. De hecho, aproximadamente el 90 % de la serotonina se produce en el intestino gracias a la mediación de las bacterias”, explicó.

Por ello, una alteración de la microbiota puede afectar esa comunicación y asociarse con mayores niveles de ansiedad y desánimo. Además, cuando el equilibrio bacteriano se rompe, las paredes intestinales pueden volverse más permeables, permitiendo el paso de determinadas sustancias al torrente sanguíneo. Ese proceso favorece una inflamación de bajo grado que puede reflejarse tanto en la piel como en la sensación constante de cansancio.

El estilo de vida tiene un papel clave

Aunque existen múltiples factores que pueden modificar la microbiota, muchos están relacionados con los hábitos cotidianos.

“La microbiota se altera principalmente por el estilo de vida moderno”, advirtió Vega.

Entre los principales responsables se menciona una alimentación rica en productos ultraprocesados, azúcares refinados, grasas saturadas de baja calidad y pobre en fibra, precisamente el alimento preferido de las bacterias beneficiosas. A ello se suman el estrés crónico, el uso innecesario de antibióticos, así como el consumo frecuente de antiácidos y antiinflamatorios sin la orientación adecuada.

“El cortisol altera directamente la composición de las bacterias y debilita la mucosa protectora del intestino”, añadió la especialista al referirse al impacto del estrés prolongado.

La falta de actividad física y un descanso insuficiente también contribuyen al desequilibrio bacteriano.

Más que buscar un alimento milagroso, la evidencia científica apunta a que la diversidad en la alimentación favorece una microbiota más saludable.

“La clave para una microbiota sana es la diversidad”, resumió Vega.

Por ello recomienda consumir una amplia variedad de alimentos de origen vegetal durante la semana, incluyendo frutas, vegetales, legumbres, hortalizas, granos enteros, nueces y semillas.

La fibra desempeña un papel fundamental porque sirve de alimento para las bacterias beneficiosas. Al fermentarla, estas producen ácidos grasos de cadena corta que ayudan a disminuir la inflamación y fortalecen la barrera intestinal.

También pueden incorporarse alimentos fermentados, como yogur natural sin azúcar, kéfir, chucrut, kimchi o kombucha, que aportan microorganismos vivos capaces de contribuir al equilibrio intestinal.

A esos hábitos se suman el ejercicio físico moderado y dormir entre siete y ocho horas cada noche, dos factores que también favorecen una mayor diversidad bacteriana.

No todo suplemento es para todos

En los últimos años han proliferado las pruebas comerciales para analizar la microbiota y los suplementos probióticos dirigidos al público general. Sin embargo, la evidencia científica no es concluyente.

“La ciencia actual aún no tiene un estándar de ‘microbiota perfecta’ universal”, explicó Vega. Por esa razón, muchas de estas pruebas ofrecen resultados llamativos cuya utilidad clínica sigue siendo limitada para la mayoría de las personas. Algo similar ocurre con los probióticos.

“Los probióticos en cápsulas no son una solución mágica para todo el mundo ni funcionan igual”, enfatizó.

La especialista explicó que cada cepa tiene aplicaciones específicas y que su uso puede ser beneficioso después de determinados tratamientos médicos o en enfermedades concretas, como el síndrome de intestino irritable, pero no necesariamente para cualquier persona con molestias digestivas.

En esa misma línea, la American Gastroenterological Association sostiene que, aunque la investigación sobre el microbioma avanza con rapidez y ofrece un enorme potencial, muchas de sus aplicaciones clínicas aún continúan en desarrollo y deben utilizarse con base en la mejor evidencia científica disponible.

Por ello, Vega recomendó acudir a un profesional cuando los síntomas digestivos, la fatiga persistente, los cambios en la piel o las alteraciones intestinales dejan de ser episodios ocasionales y se convierten en un problema recurrente.

“El abordaje correcto siempre empieza por transformar la base de la alimentación y el estilo de vida, antes de intentar resolver el problema únicamente con suplementación”, concluyó.

La autora es periodista colaboradora de Puerto Rico Saludable.

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Este contenido fue redactado y/o producido por el equipo de Suplementos de GFR Media.

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