En Estados Unidos, más de 30 millones de personas han experimentado al menos una migraña al año. De este grupo, el 75% fueron mujeres.
En Estados Unidos, más de 30 millones de personas han experimentado al menos una migraña al año. De este grupo, el 75% fueron mujeres. (Shutterstock)

Escuchamos con frecuencia la frase “tengo migraña”. Este padecimiento, también conocido como jaqueca, puede detener nuestro ritmo, incapacitarnos de realizar actividades comunes. Es un dolor localizado que nos priva de concentración y nos provoca querer descansar hasta que cese. Se considera una de las principales quejas para acudir a un médico.

Con datos de julio de 2021 en artículos científicos, el portal científico Medscape publicó que, en Estados Unidos, más de 30 millones de personas han experimentado al menos una migraña al año. De este grupo, el 75% fueron mujeres. La publicación también explica que este particular dolor de cabeza tiene explicaciones genéticas, pues el 70% de los pacientes tenían familiares, de un grado de consanguinidad, con historial de migrañas. Además del historial médico y familiar, en los pacientes con predisposición pueden existir factores ambientales y de conducta que aceleren los episodios.

Medscape define el padecimiento como un desorden complejo en donde se dan episodios recurrentes de dolores de cabeza y por lo general se sienten en un solo lado de nuestro cráneo. El dolor casi siempre está localizado en la parte frontal de la cabeza o cerca del área de los ojos. También puede sentirse en áreas cercanas al cuello.

La mayoría de los episodios van asociados a síntomas visuales y sensoriales —como ver destellos zigzagueantes, experimentar incomodidad a la exposición de la luz, o a ruidos—. En conjunto, estos episodios y síntomas se conocen como aura. Los síntomas pueden aparecer antes, durante o después de un episodio.

Además de los ya mencionados, existen otros síntomas a los que debemos estar pendientes. Por lo general, el episodio comienza como un dolor que se siente como una pulsación dentro de nuestra cabeza y puede durar de cuatro a 72 horas. Estas pulsaciones, que pueden ser moderadas o severas, pueden intensificarse cuando nos movemos o hacemos alguna actividad física. En algunas ocasiones, los síntomas pueden incluir: náuseas, vómitos, mareos, cansancio y falta de fuerza.

La publicación MedlinePlus, de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, adscrita a los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, en inglés), resume la migraña en cuatro fases:

  • La fase prodrómica o previa: puede comenzar un día antes del episodio y se caracteriza por antojos de comida, cambios repentinos en el humor, exceso de bostezos, entre otras conductas.
  • Aura: el paciente puede ver luces intermitentes o brillantes, y sentir debilidad en los músculos.
  • La fase del dolor de cabeza: el dolor irá en aumento. Puede empeorar al moverse, toser o estornudar.
  • La fase postdrómica: el paciente sentirá agotamiento y confusión. Esta fase puede durar 24 horas.

Para aliviar las fases, se recomienda descanso, tomar líquidos y colocar paños fríos o hielo en la frente.

La información publicada en MedlinePlus también concluye que hay factores genéticos y ambientales que provocan el padecimiento de las migrañas. Asimismo, otras enfermedades relacionadas a la salud mental y a la neurología pueden alterar el sistema y causar un episodio. La depresión, trastornos bipolar o del sueño, y la epilepsia son algunos de los diagnósticos existentes en pacientes que han padecido de migrañas.

Tampoco se deben descartar otros eventos y conductas, como: estrés, ansiedad, cambios hormonales (en las mujeres), exposición a luces muy brillantes o ruidos y olores exagerados, falta de sueño o demasiadas horas de descanso, consumo de tabaco, consumo de cafeína o cese de este consumo, así como experimentar períodos prolongados sin ingerir alimentos. Además, hay medicinas, incluso las que se utilizan para mitigar las migrañas, que pueden inducir el dolor. Hacer demasiada actividad física o ejercicios también puede contribuir a que suframos un episodio.

La Biblioteca Nacional de Medicina también acoge una lista de comidas y alimentos que pueden ponernos en riesgo. Entre ellos están: el alcohol, el chocolate, los quesos añejados y alimentos que pasan por procesos de fermentación, algunas frutas y nueces, la levadura, las carnes curadas o procesadas. Se recomienda examinar la dieta para evitar componentes que puedan afectarnos.

Para poder tener un diagnóstico, la International Headache Society recomienda que se revise el historial del paciente, pues es un diagnóstico clínico que necesita una comprensión holística del quehacer y estilos de vida de la persona. También, es necesario que ocurran cinco episodios en un período de cuatro horas a tres días, y que estén acompañados de, al menos, dos de estos padecimientos: dolor localizado, que el dolor se sienta como un latido, que el dolor sea más que moderado y que el paciente no pueda realizar actividades sencillas como caminar o subir escaleras.

El paciente puede pedir un examen físico y neurológico que confirme el diagnóstico clínico y descarte otros padecimientos.

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