



El cáncer colorrectal se posiciona como el tercer tipo de cáncer más común en el mundo. A estos efectos, la Sociedad Americana contra el Cáncer reafirma su llamado a realizarse las pruebas necesarias para un diagnóstico temprano, así como a detectar otros tipos de cáncer mediante las pruebas y evaluaciones disponibles.
Así lo declaró la vicepresidenta de servicios al paciente, control de cáncer y política pública de la Sociedad Americana contra el Cáncer, María Cristy, quien reiteró la importancia de la concientización de este diagnóstico entre adultos jóvenes.
“Lo más importante es que la gente joven entienda que el cáncer no es una enfermedad únicamente de los adultos mayores. Desde hace una década se está viendo la incidencia de cáncer colorrectal en adultos menores de 50 años”, adujo la líder de la entidad salubrista, señalando que este diagnóstico es la primera causa de muerte en las personas de esas edades.
Las guías de detección del cáncer colorrectal sostienen que las personas de edad de riesgo promedio, entre 45 y 75 años, deben realizarse los exámenes apropiados, conforme a las indicaciones de un médico especialista.
Estos pueden incluir exámenes visuales como la colonoscopia para examinar el interior del colon en búsqueda de pólipos o crecimientos cancerígenos, pruebas de heces (o FIT por sus siglas en inglés), la prueba de sangre oculta en heces (o FOBT por sus siglas en inglés) y la prueba de ADN en heces de múltiples objetivos.
Asimismo, para quienes conforman los grupos con factores de riesgo, como las personas con antecedentes familiares de pólipos o cáncer colorrectal, estos podrían necesitar hacerse la prueba de detección antes de la edad recomendada de 45 años, pues “este (tipo de) cáncer tiene un componente hereditario y los jóvenes con historial genético en sus familiares están en mayor riesgo de padecerlo”, aseveró.
En estos casos, añadió, la exhortación es a realizarse las pruebas hasta diez años antes de la edad en que el familiar más cercano fue diagnosticado, pues ignorar esta acción podría aumentar la posibilidad de un cuadro clínico positivo.
Además, invitó a las personas a permanecer alerta a los síntomas y a las señales, como cambios en los patrones y frecuencias en las evacuaciones, sangrados en las heces o dolores agudos.
“Las nuevas terapias, las campañas de concientización y la importancia de la prevención han sido muy exitosas. Aunque no podemos asegurar que no vamos a padecer ningún tipo de cáncer, podemos tomar acción para disminuir un panorama crítico”, sostuvo, enfatizando la importancia de mantener un peso saludable, limitar el uso de tabaco y alcohol, mantenerse físicamente activo y priorizar la inoculación cuando sea posible.
Por último, apostó por el trabajo de política pública para optimizar el acceso a tratamientos innovadores y oportunos.
Sobre otros tipos de cáncer, como el de seno, se recomienda la mamografía a las mujeres en edad de riesgo promedio o a partir de los 40 años. Asimismo, las mujeres de 20 años en adelante deben realizarse un examen clínico de los senos al menos cada tres años.
Aunque los casos más comunes son en mujeres de 45 a 54 años, quienes tienen historial genético deben iniciar los exámenes radiográficos hasta diez años antes de la edad más temprana del diagnóstico de la madre.
En el caso del cáncer de cuello uterino, las edades de riesgo se concentran entre personas de 25 a 45 años, por lo que la Sociedad Americana contra el Cáncer advierte que la detección se realiza mediante la prueba del virus del papiloma humano (HPV, por sus siglas en inglés) cada cinco años o mediante la prueba de Papanicolaou cada tres años. Esta recomendación impera entre las personas vacunadas contra el HPV.
Igualmente, señaló que estos exámenes han demostrado su eficacia en las últimas décadas, pues a pesar de que los números de diagnósticos entre todos los tipos de cáncer han aumentado, los índices de mortalidad han bajado en un 34 % desde 1991.
“Hace 10 años se decía que vivíamos con 60 mil sobrevivientes; hoy vivimos con 145 mil sobrevivientes”, acertó la líder de la organización en Puerto Rico.
La autora es periodista colaboradora de Puerto Rico Saludable.

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