



Se abren los portones, suena el timbre y estudiantes y maestros vuelven a ocupar los salones de clase. Con el nuevo semestre escolar aparecen metas y anhelos, y también pueden manifestarse diversas emociones como expectación, ansiedad y tensión.
Sin duda, es un buen momento para determinar objetivos y planes, encaminados no solo al logro de la excelencia académica sino a la consecución del bienestar en todas sus dimensiones.
Al respecto, el informe Los 20 principios más importantes de la psicología para la enseñanza y el aprendizaje preK-12, de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA, por sus siglas en inglés), Coalición para la Psicología en Escuelas y Educación (2015), detalla en el principio 17: “La gestión eficaz del aula se basa en (a) fijar y transmitir grandes expectativas; (b) fomentar de manera consistente relaciones positivas; y (c) proporcionar un alto nivel de apoyo a los estudiantes”.
Ese propósito en común de colaboración y bienestar entre alumnos, docentes, progenitores, cuidadores y comunidad escolar en general debe establecerse colectivamente. Para el psicólogo clínico de niños y adolescentes, doctor Enrique Gelpí Merheb, es necesario llevar a cabo una “reunión de expectativas” en la que se discuta qué se espera y en la que se planifiquen los próximos meses, desde un enfoque participativo en el que los estudiantes intervengan y comuniquen asimismo sus aspiraciones y preocupaciones.

“Mientras más evitemos la improvisación, mejor”, afirmó el entrevistado. Por esta razón, sostuvo que es recomendable que se fijen rutinas, horarios, estructuras y secuencias tanto en la escuela como en el hogar. Este plan deberá reevaluarse durante el semestre para examinar su progreso.
El uso de los aparatos electrónicos es un asunto que debe atenderse para que no perjudique la ejecución académica, la conducta y la salud como la falta de sueño adecuado. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), los niños de 8 a 10 años pasan alrededor de seis horas diarias frente a una pantalla, los de 11 a 14 años nueve horas al día, y los de 15 a 18 siete horas y media.
No obstante, el tiempo de uso debería ser entre una a dos horas de lunes a jueves, mientras que durante el fin de semana este podría ser mayor, siempre y cuando los niños realicen también actividad física, según informó el doctor Gelpí Merheb. Además, los CDC aconsejan que no haya televisores en las habitaciones de los niños y que se involucren en actividades que promuevan la socialización.
Así como progenitores, cuidadores y maestros deben estar pendientes a cualquier cambio que presenten los estudiantes, como pérdida de interés, falta de apetito y aislamiento, y atender convenientemente esa situación, es necesario que los adultos se autoevalúen, reconozcan si necesitan ayuda y dediquen tiempo a su cuidado personal.
Como parte de los hábitos de autocuidado, los CDC recomiendan tomar momentos de descanso y relajación como:
De esta manera, la higiene emocional en el entorno escolar repercute en todo y en todos los que participan de esa comunidad. Un espacio en el que se fomente la participación, la comunicación y la escucha facilita el desarrollo del plan dirigido al bienestar.
“Las políticas y las prácticas escolares que apoyan el desarrollo de habilidades para mejorar el bienestar emocional pueden ayudar a satisfacer las necesidades psicosociales de los estudiantes”, apuntan los CDC en la nota Crear un entorno escolar sano y propicio. Desarrollar habilidades para reconocer y gestionar las emociones, aprender a establecer y alcanzar objetivos positivos, y a apreciar las perspectivas de los demás, establecer y mantener relaciones positivas, y tomar decisiones responsables son importantes para reforzar el bienestar emocional, de acuerdo a la agencia de salud pública.
En cuanto a las actividades, métodos y estrategias que se pueden llevar a cabo para la promoción de la salud emocional y mental, el psicólogo clínico enumeró algunas:
Con respecto a cómo los docentes pueden promover la salud emocional, el documento de la APA mencionado anteriormente precisa lo siguiente:
Por su parte, el doctor Gelpí Merheb hizo hincapié en la motivación como uno de los pilares del aprendizaje, junto a la atención, la concentración y el estilo o la manera en la que cada quien aprende. Tal como explicó, las cuatro C de la motivación se resumen en el control sobre el material que se aprende (sentir autonomía), la competencia (que sea retante), la curiosidad (que sea novedoso y que promueva las ganas de aprender) y la contextualización (para qué aprenderlo).
“La clave del aprendizaje y el gran reto es cómo lograr mantenerlos motivados”, expresó. Ciertamente, la motivación es indispensable para lograr el progreso académico, así como en la gestión emocional y alcanzar el bienestar.
La autora es periodista colaboradora de Puerto Rico Saludable.

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