



El corazón no miente. Y cuando algo anda mal, lo deja saber. A veces, es un cansancio que pesa o las piernas que se hinchan al caer la tarde. También puede ser una fatiga inusual al subir la escalera o esa sensación de que el aire no rinde igual.
Quienes sufren estos síntomas rápidamente se los atribuyen al envejecimiento, al aumento de peso, al asma o a otras enfermedades.
El problema es que, por esta razón, pocas veces se sospecha de una enfermedad mortal que, por años, ha pasado inadvertida: la amiloidosis cardíaca.
“No podemos normalizar las señales que nos da nuestro cuerpo”, apuntó la cardióloga Suely Román.
La amiloidosis cardíaca ocurre cuando proteínas anormales, conocidas como amiloides, se depositan en el tejido del corazón.
Una de las variantes más comunes está relacionada con la transtiretina, una proteína que normalmente produce el hígado y que participa en el transporte de vitaminas y hormonas a través del torrente sanguíneo.
Sin embargo, cuando esta molécula, por fallas biológicas, pierde su estructura natural, “se daña” y genera fibras insolubles.
“Cuando estos depósitos llegan al corazón, sus paredes se vuelven más gruesas y rígidas, y el corazón no logra llenarse como se supone. De igual manera, también puede debilitarse y perder fuerza para bombear. Cualquiera de estos mecanismos o una combinación de ambos puede llevar al síndrome de insuficiencia cardíaca en estos pacientes”, dijo.
Existen diferentes tipos de amiloidosis. La transtiretina puede presentarse como resultado de una mutación genética hereditaria o de forma adquirida, conocida como wild-type o senil, que suele ser la más frecuente.
Mientras, la amiloidosis AL o de cadenas ligeras está relacionada con un desorden de las células que producen inmunoglobulinas en la médula ósea.
El mayor obstáculo para identificar la amiloidosis cardíaca a tiempo es su habilidad para camuflarse bajo otras enfermedades cardiovasculares.
El paciente puede experimentar falta de aire, cansancio al realizar esfuerzo, hinchazón en las piernas o el abdomen, intolerancia al ejercicio o alteraciones del ritmo cardíaco.
“Los síntomas se parecen a otras enfermedades cardiovasculares”, precisó la doctora.
La clave, entonces, está en mirar el cuadro completo.
Y es que la amiloidosis cardíaca, en ocasiones, se manifiesta fuera del corazón. La persona puede sufrir del síndrome del túnel carpiano, de estenosis espinal –cuando se estrecha el canal dentro de la columna vertebral– y de neuropatías, como hormigueo en las manos o adormecimiento en las piernas.
“Realmente, el diagnóstico no es solo ver que las paredes del corazón estén gruesas, sino reconocer el conjunto de señales”, destacó.
La evaluación incluye electrocardiogramas y ecocardiogramas. Si existe sospecha, los médicos pueden realizar estudios de sangre, de orina o de medicina nuclear. En determinados casos, también puede ser necesaria una biopsia del corazón.
Muchos pacientes pasan años sufriendo los síntomas de la amiloidosis cardíaca sin un diagnóstico certero. Y, lamentablemente, “cuando llegan a donde el cardiólogo, a veces, es demasiado tarde”.
Por eso, el mayor reto es poder detectar la enfermedad en las etapas iniciales.
“Actualmente, tenemos medicamentos que funcionan si se administran de manera temprana”, detalló Román. “Tenemos una ventanita de tiempo que es importante para tratar a los pacientes y prolongar su vida”.
Estas terapias dirigidas ayudan a frenar la progresión de la enfermedad.
“Tenemos medicamentos estabilizadores, que previenen que se siga depositando más de esta proteína en el corazón, y otros que disminuyen la producción de la proteína en el hígado”, aclaró.
Por ahora, los fármacos disponibles no curan la amiloidosis cardíaca ni revierten los daños estructurales causados por los depósitos. Sin embargo, sí marcan la diferencia entre un deterioro progresivo y una vida funcional.
Con los avances tecnológicos, la comunidad médica ha comenzado a realizar más detecciones y esto ha cambiado la percepción que se tenía sobre ella.
Históricamente, ha estado asociada a hombres de edad avanzada. Sin embargo, los expertos han observado una incidencia significativa en mujeres y en personas de edades más tempranas.
“Antes se consideraba una enfermedad rara, pero hoy sabemos que, probablemente, ha estado subdiagnosticada por muchos años. No necesariamente es que haya más casos, sino que, a medida que conocemos mejor la enfermedad, aumentamos la concientización y contamos con mejores herramientas diagnósticas; la estamos identificando con mucha más frecuencia. Esto es particularmente cierto para la amiloidosis por transtiretina, cuya prevalencia real, probablemente ha sido subestimada”, aseguró la cardióloga, quien tiene clínica en Dorado y Manatí.
Por eso, en la celebración del Día Mundial del Corazón, su llamado es a crear conciencia sobre la amiloidosis cardíaca, a que cada persona preste más atención a sus latidos y a esas señales que aparecen en la cotidianidad.
“Mientras más temprano la identifiquemos, más oportunidades tenemos de poder intervenir, de preservar la función del corazón y la calidad de vida de nuestros pacientes”, puntualizó.
Para más información y orientación educativa, visite la página yourheartsmessage.com o comuníquese con la oficina de la doctora Suely Román en Doctor’s Center Hospital Orlando Health llamando al 787-400-1188.
El autor es periodista colaborador de Puerto Rico Saludable.

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