



Durante décadas, la perimenopausia y la menopausia fueron temas de los que poco se hablaba. La conversación solía evitarse incluso en el entorno familiar, pues los síntomas y cambios asociados a estas etapas eran motivo de burlas, lo que llevaba a muchas mujeres a vivir estos periodos en silencio.
Esto se debe principalmente a los sofocos, cambios en el estado de ánimo, alteración de los ciclos menstruales y otras señales que pueden presentarse en estos periodos, los cuales representan una transición natural de la mujer hasta culminar su etapa reproductiva. Incluso, muchas féminas pasaron años sin buscar ayuda médica, afectando su calidad de vida individual y profesional, ya que culturalmente también se tendía a cuestionar los efectos de las terapias hormonales.
Sin embargo, con la llegada de las redes sociales se hizo más fácil el acceso a la información y, además, permitió que más personas comenzaran a orientarse sobre estos temas, a derribar mitos y a tomar el control de su salud femenina.
En Puerto Rico hay varias páginas cibernéticas que, cada día, suman miles de seguidoras interesadas en aprender sobre los avances científicos para contrarrestar o entender la sintomatología y, sobre todo, sentirse escuchadas.
Una de las autoridades en el tema es la doctora Keila Díaz, especialista en terapia de reemplazo hormonal, perimenopausia y menopausia.
Al preguntarle, ¿qué ha sido lo más sorprendente de darle visibilidad a la perimenopausia y la menopausia?, la doctora relató que “llevo más de dos años hablando de perimenopausia, menopausia y salud hormonal en las redes sociales, incluso desde mi cuenta anterior; pero cuando comencé, jamás imaginé la magnitud de lo que encontraría”.
“Miles y miles de mujeres comenzaron a escribirme, muchas contándome que llevaban años buscando respuestas”, acotó la doctora quien tiene una Maestría en Salud Pública (MPH) y es Board-Certified in Internal Medicine (ABIM).
Asimismo, confesó que “muchas mujeres habían llegado a creer que lo que estaban experimentando era simplemente parte del envejecimiento y que tenían que aprender a vivir con esos síntomas”.
Otro aspecto que le sorprendió fue “la cantidad de colegas médicos que continuaban convencidos de que el estrógeno causaba cáncer de seno”.
“Aunque hoy, en 2026, el panorama ha cambiado significativamente, especialmente después de que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), anunció en noviembre de 2025 la eliminación de las advertencias destacadas sobre cáncer de seno en la terapia hormonal, esa no era la realidad cuando comencé a hablar públicamente de estos temas”, sostuvo.
En aquel momento, según la doctora Díaz, el temor al estrógeno estaba profundamente arraigado, incluso dentro de la comunidad médica y, “aquí es donde tenemos que hablar de ciencia”.
“Uno de los ejemplos más importantes es el Women’s Health Initiative (WHI), cuyos resultados publicados en 2002 y 2003 transformaron la percepción de la terapia hormonal a nivel mundial”, manifestó.
“El problema fue que los resultados de una combinación específica de estrógenos equinos conjugados y una progestina sintética terminaron generalizándose como si todos los estrógenos y todos los tratamientos hormonales fueran iguales”, agregó.
No obstante, destacó que el propio organismo (WHI) también evaluó estrógenos solos en mujeres sin útero y esa rama no demostró un aumento en la incidencia de cáncer de seno. De hecho, los seguimientos posteriores encontraron una reducción en su incidencia y mortalidad.
Otros estudios como el Danish Osteoporosis Prevention Study (DOPS) que “utilizó 17b-estradiol y que, después de aproximadamente 10 años de tratamiento y 16 años de seguimiento, no encontró un aumento estadísticamente significativo en la incidencia de cáncer de seno”.
“Asimismo, el estudio ELITE, que evaluó el estradiol, tampoco encontró diferencias estadísticamente significativas en los eventos de cáncer de seno entre los grupos, aunque su objetivo principal era estudiar la progresión de la aterosclerosis”, reveló.
Entretanto, admitió que “lo verdaderamente sorprendente para mí fue descubrir que, muchas veces, incluso dentro de la medicina, repetimos lo que nos enseñaron sin detenernos a leer y analizar los estudios originales”.
Ante esta situación, reconoció que “la evidencia científica ha estado disponible durante años. El problema es que muchas veces ha sido malinterpretada, generalizada y transmitida de manera incorrecta, incluso dentro de nuestra propia formación médica”.
“Mientras más estudiaba, más cuestionaba lo que tradicionalmente nos habían enseñado. Y mientras más respuestas encontraba en la literatura científica, más comprendía la necesidad de llevar esa información a las mujeres”, recalcó.
En tanto, aceptó que esa experiencia transformó su manera de practicar la medicina y, precisamente, se convirtió en una motivación para dedicarse a la educación sobre salud hormonal.
María Calixta Ortiz, quien es doctora en filosofía de la salud pública, neurocoach y epidemióloga, considera que el incremento en las plataformas que educan sobre esta temática es algo inspirador.
La también escritora lleva cerca de cinco años dando visibilidad a la perimenopausia y la menopausia a través de su libro De Meno odiosa a Meno Diosa, así como en conferencias, grupos en redes sociales, reportajes y el pódcast Menodiosas.
Según Ortiz, esto le ha permitido “ser testigo directo de una transformación cultural e histórica en la forma de abordar y hablar de la salud femenina públicamente”.
“Cuando comencé este camino, el panorama era desértico y solitario, pero hoy veo con asombro un incremento masivo de especialistas de la salud y de la ginecología que antes guardaban silencio y que ahora educan activamente en las plataformas digitales”, resaltó.
“Las redes (sociales) se han inundado de artistas, figuras públicas y mujeres preocupadas por los síntomas, han decidido abrir el micrófono para acompañar a otras, creando una comunidad que antes simplemente no existía. Hemos derivado el mito de la vergüenza”, celebró.
La reconocida coach de vida certificada y entrenadora personal, Laura Posada, aseguró que lo más sorprendente de darle visibilidad a la perimenopausia y la menopausia ha sido la respuesta de las mujeres y a la enorme necesidad de información que todavía existe.
“Llevo más de seis años hablando sobre este tema y sigo encontrándome con mujeres confundidas, que no saben qué les está pasando ni en quién confiar. Hemos logrado abrir una conversación necesaria, pero tener más información disponible no siempre significa tener más claridad”, afirmó.
No obstante, confesó que su preocupación es “que hayamos pasado de un extremo al otro”.
De acuerdo con Posada, “antes predominaba el miedo a las hormonas y ahora, especialmente en redes sociales, muchas veces se presentan como la solución para absolutamente todo”.
Igualmente, dijo que “a esta confusión se suma el interés comercial que ha despertado el tema”.
“Cada vez aparecen más personas que se presentan como expertas sin contar necesariamente con la preparación para respaldar sus recomendaciones y se promueven soluciones universales para una etapa que cada mujer vive de manera distinta”, sostuvo.
En tanto, expuso que gran parte de la conversación se centra en aspectos visibles, tales como la grasa abdominal, las arrugas o la caída del cabello.
“Es comprensible que esos cambios nos preocupen, pero la menopausia no puede abordarse únicamente desde la apariencia. También necesitamos hablar de lo que ocurre dentro del cuerpo y de cómo podemos cuidarnos para los años que vienen”, subrayó.
“Como coach certificada en menopausia, creo que nuestra responsabilidad es ayudar a las mujeres a comprender esta etapa con información clara, reconocer los límites de nuestro rol y mantener siempre su bienestar como prioridad”, insistió.
La doctora Keila Díaz aseguró que, uno de los mitos que más le interesa derribar es que la testosterona es una hormona masculina.
Esto es porque “las mujeres también producimos testosterona naturalmente”.
“De hecho, durante gran parte de nuestra edad reproductiva, las concentraciones circulantes de testosterona pueden superar las del estradiol, algo que todavía sorprende a muchas personas, incluidos profesionales de la salud”, explicó.
“La testosterona forma parte de nuestra fisiología femenina y participa en funciones importantes relacionadas con la salud sexual, muscular y ósea”, apuntó.
Según Díaz, “durante demasiado tiempo hemos clasificado las hormonas como masculinas o femeninas, cuando en realidad tanto los hombres como las mujeres las producen, aunque en cantidades y patrones diferentes”.
Su misión, dijo, es que las mujeres dejen de recibir información basada en mitos y comiencen a recibir educación fundamentada en ciencia.
“Una mujer informada puede comprender mejor su cuerpo, cuestionar lo que no entiende y participar activamente en las decisiones sobre su salud. Quiero derribar el mito de que existe una solución universal para la menopausia y que esa solución es, necesariamente, el tratamiento hormonal”, aseveró.
“Una mujer informada puede comprender mejor su cuerpo, cuestionar lo que no entiende y participar activamente en las decisiones sobre su salud”, puntualizó.
Mientras que, la doctora María Calixta, manifestó que, uno de los mitos respaldados por la ciencia, “era el principio de precaución para el reemplazo hormonal, y gracias a los nuevos estudios, hoy podemos escoger según la recomendación médica el reemplazo que mejor se ajuste a nuestros síntomas y de acuerdo con la etapa en que nos encontremos”.
“Ver este cambio radical me hace sentir que he cumplido plenamente el propósito de cuando escribí el libro De Meno odiosa a Meno Diosa, el cual nació para transformar la narrativa de invisibilidad social, médica y laboral”, delineó.
Por su parte, Posada expresó que, su deseo es derribar el mito de que existe una solución universal para la menopausia y que esa solución es, necesariamente, el tratamiento hormonal.
“La realidad es que cada mujer necesita una evaluación y un plan que respondan a sus síntomas, su historial y sus necesidades particulares. La terapia hormonal puede ser una herramienta valiosa cuando está indicada y los suplementos pueden tener un lugar dentro de un plan individualizado”, resaltó.
“Sin embargo, ninguno sustituye el entrenamiento de fuerza, una buena nutrición, el descanso ni el cuidado emocional”, reveló.
Ante esto, recordó que “el objetivo de cuidarnos debe ir mucho más allá de vernos bien”.
“Cuidarnos en esta etapa es prepararnos para seguir viviendo con calidad de vida. La meta no es perseguir una promesa de juventud eterna, sino construir bienestar a largo plazo”, concluyó.
La autora es periodista colaboradora de Puerto Rico Saludable.

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